El síndrome Abuabara
Por Carlos Tobar
Si hay un organismo afectado de enfermedad grave, es el sistema de salud colombiano. Podríamos decir, que está sufriendo del “síndrome Abuabara”. Una enfermedad que se caracteriza por un tumor mortal: la epeesitis. Con cura conocida, pero sin gobierno alguno que se atreva a aplicarla. La afectación sobre el sistema es de tal proporción, que se calcula que entre un 40 o 50 por ciento, del total de los recursos aportados por trabajadores, empresarios y gobierno, se enredan en la intrincada red administrativa de las EPS’s. Diciéndolo “en plata blanca”, casi la mitad de los recursos que debieran dedicarse a prevenir y atender enfermedades y afecciones de los usuarios, de los regímenes contributivo y subsidiado, van a engordar las faltriqueras de los administradores de EPS e IPS privadas. La enfermedad no es grave, ¡es gravísima!
Lo peor de este mal cuento, es que el gobierno (así como, todos los gobiernos desde que se aprobara la ley 100, incluyendo al del hoy senador Uribe) lo sabe. Es conocedor, es consciente, sabe a ciencia cierta, que el cáncer del sistema de salud, es el régimen de intermediación de las EPS’s. Y, no solo lo permite, sino que lo defiende. Para probarlo, basta el último ‘botón’: el 29 de diciembre, el mismísimo presidente Santos, en alocución nacional por televisión, aprovechando la distracción de la ciudadanía, inmersa en las fiestas de fin de año, se quitó la máscara y se la jugó por la EPS’s; informó a los colombianos que mediante un decreto, el 2702, expedido el 27 de diciembre de 2014, se les daba un plazo de 7 años para que esas empresas, comprometidas en gravísimos desfalcos de dineros públicos destinados a atender la salud de los usuarios, equilibraran sus finanzas, y así alcanzar un patrimonio suficiente que garantice la prestación de los servicios. Es decir, no solo no se les castiga la picardía, sino que se les entrega el presupuesto de los próximos siete años, para que se ‘saneen’. ¡Esta ya es la tapa del cinismo!
Mientras tanto, los hospitales públicos, de todos los niveles: primero, segundo o tercero, de capitales de departamento, cabeceras zonales o municipios pequeños, languidecen en la inopia total, entre otras razones, porque las deudas de la EPS’s son multimillonarias, muchas de ellas quebradas por los desvíos de recursos, los desfalcos y los robos descarados.
Entonces, no es de extrañar casos como los de Camila Abuabara, la joven estudiante de derecho que lleva ya casi 3 años luchando para que el sistema de salud le garantice el tratamiento adecuado al cáncer que padece. He tomado este caso como emblemático, porque en el desprecio con que la han tratado, está reflejado el drama de millones de colombianos que batallan ‘a brazo partido’, todos los días, para que les atiendan sus dolencias, sin que el corazón de hierro de la ganancia capitalista, se conduela de sus dolamas. Por lo contrario, tuvimos que ver la arrogancia del ministro de salud, cuando ordenó, cual tiranuelo tercer mundista que es, demandar la tutela que le autorizara, el tratamiento en un hospital de los Estados Unidos. Tuvo que devolverse acongojada, consciente de que la demora en su tratamiento, culpa de la EPS, que el ministro defiende, puede ser su sentencia de muerte. Estaremos atentos a la evolución de su enfermedad, porque si por desgracia fallece: de manera inmediata, ¡Alejandro Gaviria, deberá renunciar! ¡Y, la ley 100, deberá ser derogada!
