El Rey de Reyes en el Festival Vallenato
Edgar Artunduaga
Hay mucho por aprender del Festival Vallenato y su organización.
En el Huila, mientras cada gobernador y cada alcalde pretendan imponer sus gustos arbitrarios o tomen el asunto como su negocio, iremos de mal en peor. Recuerdo ahora una alcaldesa de Neiva que le montó cantina a su hermano y a su familia, en espectáculo grotesco de abuso de poder y descaro.
Valledupar coronó al acordeonero profesional que entre todos los 21 reyes participantes mostró ser dueño de la nota más exquisita, más melodiosa, más asentada, más vallenata.
Si en alguna de las rondas mostró dificultad para mantener la cadencia en el son, en la final corrigió y exhibió con creces su maestría.
De 59 años y casado con la educadora y novia de su adolescencia Ketty Guevara, nacida en La Paz (Cesar) como él, López hace parte de una de las dinastías más prestigiosas, prolíficas y versátiles de la música vallenata, como quiera que posee su propio estilo.
De su familia han salido reyes como Miguel López, padre de Álvaro y Román; Elberto ‘El Debe’ López, ya fallecido; Navin López y Alfonso ‘Poncho’ López, quien fue conocido como el rey de los bajos. Es una leyenda la caja de Pablo López a quien le dedicaron este año la canción ganadora del festival. Y también una institución Dagoberto López. Toda una nómina de reyes en las distintas facetas del vallenato.
Este año la competencia fue reñida y por lo tanto no exenta de polémicas. La sorpresiva y no menos extraña eliminación en semifinales de acordeoneros consagrados como Omar Geles y Ciro Meza Reales, puso en tela de juicio la idoneidad de algunos jurados.
Las razones para que haya ganado López son varias, pero sin duda su veteranía, tradición y estilo propio, acompañado de rutinas de exquisitas melodías -completas, redondas-, tocadas con alma, le dieron el triunfo. No repitió canciones de aquellas que le permitieron clasificar a la final.
Por su parte Peña (segundo puesto) se paró bien en el escenario, mostró seguridad y carisma, pero con notas predecibles y livianas en los ritmos de merengue y paseo, estando mas acertado y creativo en la puya -magistral interpretación, endiablada digitación- y en el son, pero no fueron suficientes para convencer al jurado.
De tercero quedó Almes Granados, un gigante del acordeón que vino de menos a más durante la contienda, quien botó sus restos en esta final para desbancar nada menos que a Navin López, quien lució su habitual destreza aunque por momentos plano, sin dulce, sin picardía.
La dinastía López acaparó otro galardón: la canción inédita ganadora de Ivo Luis Díaz, un justo homenaje a Pablo López, un personaje singular y muy querido en la vallenatía.
Lo cierto es que los asistentes al espectáculo final de la 50a. versión del Festival Vallenato, por muy divididos que hayan estado alrededor de López -los tradicionalistas y puristas- y Peña – los jóvenes y seguidores de nuevas propuestas- quedaron satisfechos por haber presenciado la mejor presentación de estos titanes del acordeón.
