El respeto se otorga
Diógenes Díaz Carabalí
El respeto es algo inherente a la buena educación, a la cultura, ante todo el respeto se otorga. Podemos controvertir, estar en desacuerdo, pero llegar al irrespeto de la otra persona indica la clase de persona que emite expresiones sobre la dignidad o sobre las debilidades de la víctima. Hago esta referencia, por las expresiones que circulan en los medios, principalmente en las redes sociales, que refieren al Presidente de la República. No sé si todavía está en los códigos el delito "irrespeto a la autoridad", que hace falta se ponga en ejercicio, se sancione a quien difunda expresiones innombrables en contra de la autoridad, que se emiten sin responsabilidad, más si son juicios en donde quien las difunde carece de alguna prueba.
Como parte de nuestra descomposición, hemos perdido el sentido de la dignidad, asunto que no viene de nuestra voluntad particular, sino de la voluntad del pueblo, quien en últimas elige las dignidades: escucho que a los Concejales de los municipios, que antes se les nombraba como "Honorables", hoy, sus subalternos los llaman "Conce", pero en los medios las expresiones son "Zanganos", "Pícaros". Igual sucede con Diputados y Congresistas para quienes los calificativos desde las redes sociales pesan sobremanera en la balanza de la vulgaridad. Igual tipo de expresiones se emiten a jueces y fiscales, a miembros de cortes y tribunales.
Pero sobre quien recaen los epítetos más irrespetuosos es a la dignidad del Presidente. Voces disonantes atentan contra su dignidad, contra la figura que representa la dignidad de la nación, de manera principal desde un sector que se reclama defensor de la Ley y de la democracia. Los insultos y las expresiones traspasan el irrespeto y la grosería, sin importar que sus decisiones proviene de elecciones en donde se impuso la mayoría, cuestión fundamental en una democracia. Estar en la oposición no da derecho a emitir juicios ligeros, insultos y gracejos que pongan en duda la figura de la primera autoridad, menos con expresiones desobligantes y groseras, como "Traidor", "Lacra", las más comunes, entonces uno se pregunta traidor de qué y a quien, y lacra sinónimo de depravado.
En ese aspecto los gringos dan lección. La disputa de Obama contra Trump llegó hasta cuando éste último obtuvo la dignidad de la nación, y no es que al señor Obama le haya cambiado la percepción de lo que Trump representa. Es que ya cuenta con la investidura otorgada por voluntad del pueblo, y entonces las referencias cambian por la investidura que ostenta que para el bien del país sea fundamental, por encima de las contradicciones. Esa lección es evidente, y sectores como el Centro Democrático deberían tenerlas en cuenta. Las expresiones ofensivas en contra de la dignidad de la presidencia socaba el estado de derecho, pone en duda la valía de la constitución y la ley, incita a la anarquía en un país en donde la autoridad necesita tanto afianzamiento. Si hay delitos, la democracia tiene mecanismos para reprimirlos, pero la grosería no puede constituirse en manera de enjuiciar a quien ostenta alguna dignidad.
