El resentimiento político
Un resentido es aquel que tiene una herida muy profunda en el alma que no lo deja estar tranquilo.
Hay diferentes clases de resentimientos: social, religioso, afectivo, académico, cultural, etc. El resentido está muy cercano al frustrado. Éste es aquel que no logró lo que se propuso y siente rabia consigo mismo y con todo el mundo. Los demás son los culpables de mi fracaso. Nunca acepta las derrotas. El frustrado y el resentido viven envenados contra determinado segmento de la población o contra toda la sociedad. En la práctica resultan personas insociables. No entienden que las derrotas hacen parte de la vida. Los países que perdieron la guerra -la segunda guerra mundial-, tienen hoy una buena o excelente economía.
Pasemos al caso de la política. Hay que saber perder. Acepte que se equivocó de estrategia, que su discurso no llegó a la gente, que su soberbia pudo más que su inteligencia. Pudo, además, haber fraude. Donde hay humanos, ¡oh Dios!, ¡qué no se ve! A pesar de los controles, ¡cuántos engaños en todo! Pero más, en la política. Con frecuencia en el juego de la misma no hay amigos, hay intereses. ¡Cómo es de pequeño el ser humano! Por favor, acepte que en esta ocasión sufrió una derrota. Haga un poco de duelo, es normal. Pero no se eche a la pena. Un crudo invierno es el presagio de una frondosa primavera. El fracaso es productivo, si lo sabe asumir. Acepte la realidad y a partir de ella, tome decisiones. No se deje llevar de los bufones que aparecen cuando huelen a triunfo. Aprenda de los errores, no se deje llevar por los vítores que le gritan, estos no tienen nada que perder y sí quieren comer del plato que usted está preparando. Los bufones así como alaban, vituperan.
A veces es más difícil manejar los triunfos que las derrotas. Cuidado los que ganaron, no sea que su yo se eleve tanto que suban como palma y caigan como coco. Recuerde que usted se debe a los electores. Ellos juzgarán su gestión. Pero sobre todo, Dios lo juzgará en el ocaso de su vida. Quien ha perdido no se dedique a atacar a quienes ganaron. Acepte con nobleza de carácter y reciedumbre de espíritu su derrota. Se ha ido introduciendo una costumbre, muy nociva por cierto, de torpedear y atacar toda la gestión de quien lo derrotó. Esto, sobre todo, en la rama ejecutiva a nivel departamental y municipal. Hay gobernadores y de modo especial alcaldes que no tienen tiempo de administrar su municipio. Todo el tiempo lo tienen que dedicar a responder a los entes de control. Algunas veces, en los juicios, se filtra el comino y se tragan el camello, como dice el libro Santo. Desde una sana deontología, quienes tienen que dar los fallos, deben tener en cuenta que cuando se enfrenta la justicia y el derecho, prima la justicia. Las leyes son para interpretarlas con objetividad y siguiendo la lógica del espíritu del legislador. Hay muchos sesgos en los juicios humanos. Quienes perdieron las elecciones, dejen gobernar a quienes salieron elegidos. Sean proactivos y no hagan oposición malsana. Supere el resentimiento, deje gobernar y prepárese para las próximas elecciones. Todo resentido cuando llega al poder, maltrata con sevicia los derechos de sus opositores.
