jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-12-02 05:03

El río Magdalena y la propuesta del Parque Colombia

“es una iniciativa de alto impacto”, “parque temático inspirado en el río Magdalena, en sus tradiciones y en su patrimonio ambiental y cultural”, “con el proyecto de Guggenheim en Bilbao… una ciudad… igual que Neiva le apostó a cambiar”, “la canalización que se viene haciendo desde hace un tiempo al río Las Ceibas, hace parte de esto”.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 02 de 2014

Son algunas de la frases que la semana pasada los huilenses y neivanos oímos y/o vimos publicadas en los medios de comunicación con motivo de la búsqueda de recursos que inició la Alcaldía de Neiva para la construcción del Parque Colombia. Las menciono porque los periodistas las exaltaron sin analizar lo que se está proyectando. En estas pocas líneas intentaré expresar algunas de mis inquietudes sobre lo que he visto del proyecto.

Desde el mes de abril de este año cuando fueron publicadas algunas imágenes, nació mi preocupación como arquitecta, como neivana y como conocedora y respetuosa de la naturaleza. Lo que vi en esas imágenes, fue un proyecto que desconoce la función de la vegetación de la orilla del río ya que la elimina casi por completo; que desconoce la conformación geológica porque dibuja la orilla con una muy baja pendiente en lugar de los peñascos que conforman su lecho y que lo mantienen encañonado; que desconoce el río mismo, porque lo dibuja como el mar, desde su aspecto hasta su comportamiento; que desconoce la fuerza del río y su poder pues plantea superficies de arena, las cuales desaparecerían en la primer creciente; que desconoce nuestra identidad, porque plantea paisajes propios de cualquier isla caribeña; que cae en los típicos estereotipos  comerciales de la asoleadora bajo la sombra de la palma de coco sobre la arena y de las figuras gigantes de mitos y dinosaurios, o de proyectos de acuarios que implican grandes cantidades de recursos no sólo económicos sino también técnicos y que dejan dudas de tipo ético. La palma de coco (Cocos nucifera) es de origen asiático y seguramente llegó a nuestras costas caribeñas a través del ser humano.

El proyecto propone eliminar las ceibas y samanes, los caracolíes, guácimos, cujíes y crucetos, coberturas nativas y bejucos, que cumplen la función esencial de mantener estable la orilla y retener la tierra al paso de la fuerza del majestuoso Río Grande de La Magdalena. Además, las raíces generan pequeños remansos que sirven de refugio a larvas y pequeños peces e invertebrados que son alimento para la fauna del río. Y la vegetación que crece junto al agua es el hábitat de aves, reptiles o mamíferos del Bosque Seco Tropical, el ecosistema más amenazado del planeta ya que queda menos del 3% de su superficie original. El mayor valor posiblemente no está en cada individuo de flora o de fauna ya que ninguno de los que habitan las orillas frente a Neiva está catalogado como amenazado de extinción; su valor real e incalculable está en la función que todos y cada uno de ellos cumplen como ecosistema, paisaje que además hace parte de nuestra cultura, de nuestra identidad y de nuestro patrimonio.

Un proyecto urbanístico o arquitectónico debe ser concebido después de un análisis profundo y cuidadoso del territorio a intervenir, de su conformación geológica, de su valor natural, cultural y social. Sólo de esa manera se logra concebir un propuesta coherente, responsable y viable.

Efectivamente, como lo dice la frase que encabeza esta columna, el Parque Colombia sí es una iniciativa de alto impacto, porque reemplazar una parte importantísima de nuestro patrimonio natural por muros de contención en concreto, nos afectaría profundamente.

Esto suele pasar cuando se pretende copiar de manera literal proyectos de otros países y realidades. Proyectos construidos ya hace décadas cuando el mundo no había entendido el inmenso valor de los ecosistemas de las ciudades. Mientras los países desarrollados están devolviendo sus ríos al estado más natural posible y en algunos casos están demoliendo estas canalizaciones y plataformas de las orillas para poder disfrutar del espectáculo de la naturaleza, los neivanos estamos dejando que la ciudad recorra un camino equivocado.

No quiero entrar a evaluar la calidad arquitectónica del proyecto, pero sí mencionar que con toda seguridad, un arquitecto como Frank Gehry que diseñó el Museo Guggenheim de Bilbao, hubiera entendido el valor del ecosistema del río Magdalena y hubiera planteado un proyecto que con toda la sensibilidad exaltara su belleza; un proyecto en el que nuestro irremplazable y maravilloso patrimonio natural fuera el protagonista y pudiera ser disfrutado por todos a través de delicados, sutiles y bellos senderos y espacios públicos, en el cual reconociéramos nuestras tradiciones y cultura de manera conceptual. En el cual valoráramos ser parte de un territorio que inspiró a José Eustasio Rivera a escribir: “Soy un grávido río, y a la luz meridiana,
ruedo bajo los ámbitos reflejando el paisaje;
y en el hondo murmullo de mi audaz oleaje
se oye la voz solemne de la selva lejana”.

CAROLINA SALAZAR RINCÓN