El proceso de paz (I parte)
“No hay nada más pesado en el mundo que una lengua mal intencionada”, esa es la reflexión que me hago cuando pienso en las personas que no están interesadas que en Colombia se continúe con un proceso de paz, ni mucho menos se llegue a buen término.
Este proceso no inicio en este Gobierno, remontémonos al año 1982 hace 32 años cuando se dio inicio con las amnistías en el gobierno de Belisario Betancourt con su paloma de la paz, muy buen comienzo si de querer demostrar las buenas intenciones por parte del gobierno en dicho proceso, y fue el alba el punto de partida para continuar en su maduración, allí cambio el discurso político introduciendo dos elementos importantes.
Se reconoció que la oposición armada es un actor político y que es necesario abrir el dialogo; y que Colombia requería de una apertura de democratización incluyendo en esta una eventual participación en un sistema político reformado.
En el gobierno de Virgilio Barco donde se continúa con un proceso y concluyeron que sus antecesores no tenían un proyecto definido, donde se incluyeran fechas, plazos límites, demasiados actores sociales involucrados, pero se destaca el compromiso por parte del gobierno. El presidente Barco quería negociar con la guerrilla únicamente sobre los pasos del desarme y la posterior incorporación en la vida política legal. El gobierno quería ratificar al estado y tratar los otros temas en foros y otros escenarios apartando a la guerrilla impidiendo este modelo avanzar ya que las negociaciones no fueron amplias, ni mucho menos participativas de partes, el gobierno quería legitimar el Estado y deslegitimar la guerrilla.
En este proceso la estrategia sirvió en parte, se desmovilizaron miembros del M-19, parte del EPL y el Quintín Lame algo se consiguió, no una completa paz, pero si un muy buen paso.
En el Gobierno del presidente Gaviria se vieron muchas cosas que podrían marcar un retroceso a cualquier acuerdo entre partes ya que unos desmovilizados que se incorporaron a la vida política fueron asesinados, continuó con un procesos de paz parcial que culminaron con la participación de unos grupos guerrilleros en la Asamblea Constituyente.
En este periodo la guerrilla pretendía discutir sobre temas de interés nacional, dejando a un lado la solución al conflicto armado.
Se habría demostrado que los grupos insurgentes jamás llegarían al poder por las armas, abriendo una puerta de incorporarse a la vida pública y política con la posibilidad de llegar al poder por la vía democrática.
Samper continúa con el proceso dándole nuevamente estatus a la guerrilla restaurando su concepción política, aquella que Gaviria había desestimado, tratando simplemente como secuestradores y bandidos. Reanudando parcialmente reconociéndolos nuevamente como actores políticos del conflicto, aceptando que si existían condiciones para continuar con las negociaciones, pero la crisis del gobierno con el proceso 8.000 desvió las posibilidades de continuar con las negociaciones.
