El problema no es de imagen
Julio Cesar Triana Quintero
En lo corrido de la semana se han publicado diferentes encuestas de opinión en las que se mide la imagen del Presidente y el apoyo al proceso de Paz; los resultados favorecen lo acordado en la Habana y desfavorecen la gestión del primer mandatario de los colombianos. Y es que es evidente que el Presidente invirtió su capital político en la Paz, lo que de entrada no lo convierte en el político más popular, en un país dividido entre los que prefieren la guerra y la zozobra, y quienes le apostamos a que nuestros hijos no presencien los horrores de una absurda confrontación armada.
Los problemas graves de nuestro país no se resuelven por la favorabilidad o grado de aceptación de quien nos gobierna. En pasados Gobiernos, la imagen positiva la lograban a través de los famosos consejos comunitarios, espacios de dialogo con las comunidades, en los que había regaños a los Ministros, declamación de poemas, entrega de cheques, fluidos discursos contra el terrorismo y contra los países vecinos y una que otra clase de geografía e historia nacional. Lo único que no había en estos encuentros con la comunidad y con los gobiernos locales era soluciones de fondo.
La Paz o la guerra no dependen de la imagen de un gobierno, ese es un asunto que trasciende y que tiene que ver con lo que cada padre de familia quiere para sus hijos, o lo que cada líder quiere para su gente, incluso se trata unirnos en medio de la diferencia por el bien de una nación. No importa quien estrechó la mano de Timochenco o a quien se le atribuya el logro de la Paz, será la historia la que juzgue y dé a cada quien lo que se merece.
Le corresponde al Gobierno Nacional defender y promover el plebiscito, lo debe hacer sin timidez y con liderazgo, sin ambages y con mensajes claros y contundentes. Sera una tarea clave en las grandes capitales en las que tal vez por el desconocimiento de la guerra, existe cierta apatía hacía el proceso de Paz, siendo labor de mucho cuidado en las regiones y en la provincia colombiana influenciada por el negativismo de los profetas de la guerra.
Se debe hablar de inversión en proyectos que generen beneficio comunitario, de crecimiento de la economía, de inversión extranjera, de generación de empleo y de una lucha frontal contra la inseguridad ciudadana que tendrá tendencia al deterioro. El tema no es de imagen, es de eficacia y el Gobierno debe ser cuidadoso en su mensaje, pero contundente en sus acciones.
