El poder político
Por Froilán Casas
Por estos días de elecciones regionales, qué bueno ofrecer una reflexión sobre el poder y, sobre todo, el poder político. En este tema hay mucho sofisma de distracción. Los sofistas, como comentaba en otro artículo, tienen la habilidad de engañar de la manera más olímpica. Un sofisma no es otra cosa que una verdad a medias; bajo afirmaciones verdaderas, encierra la más profunda mentira. El lío es que el otro difícilmente se da cuenta de su artimaña. Se parece al encantador de serpientes que con su “hermoso” sonido de flauta, logra cautivar al más cruel animal ponzoñoso.
La búsqueda de poder genera una variopinta actividad creadora; la imaginación adquiere las más sutiles habilidades. Todo por una causa: SERVIR A LA SOCIEDAD. ¿Será verdad tanta belleza? En este ambiente tropical tan salpicado de posiciones viscerales, aparecen los mesías por todas partes. No es raro encontrar el discurso depredador frente al adversario para devorarlo, masacrarlo y calumniarlo. ¡Qué mal que se le hace a la anhelada paz con la que soñamos todos los colombianos! Los discursos incendiarios están llamados a recoger. La persona mientras menos tenga la razón, más grita. Sus palabras son hirientes porque su poca inteligencia busca argumentos pasionales que pueden despertar seguidores irracionales que le pueden hacer mucho daño a la sociedad.
El ansia de poder puede obnubilar la inteligencia. Con tal de obtenerlo se puede engañar hasta a la propia madre. La sed del mismo vuelve irracional al ser humano. El gran padre del sicoanálisis, Sigmund Freud afirmaba -y no sin razón-, que el mayor impulso del hombre es la libido. Su colega, casi contemporáneo, Alfred Adler, decía que la mayor fuerza interior del hombre es el poder. Creo quedarme con Adler. La sed de poder, en todos los niveles, es alarmante. En la búsqueda del poder hay mucho sofisma de distracción, bajo afirmaciones verdaderas se llega a conclusiones falsas. Ahí está el veneno. El incauto no percibe que detrás de una afirmación atractiva y cierta, lleva a una conclusión falsa. Pero hay gente que tiene una habilidad extraordinaria para engañar, queda uno aterrado. Claro que a todo cerdo le llega su San Pedro, -solo que a veces le llega “muy tarde”-.
El poder político es indispensable en nuestra sociedad democrática. Pero, pregunto, ¿cuál es su actitud frente al mismo?, ¿lo busca para servir o servirse de él? El Gran Maestro de las Naciones, Jesús de Nazaret nos ha dicho que quien quiera ser el mayor, debe ser el servidor de los demás. El término que emplea nuestro sistema democrático para llamar a los funcionarios públicos, es el de SERVIDORES, ¡qué hermoso calificativo? ¿Se cumple en la práctica? Parece que estamos lejos de la realidad. Algunos emplean los cargos con despotismo y con alta dosis de la pandemia del clientelismo. Por fortuna se están escuchando discursos cargados de un verdadero cambio de mentalidad. ¡Ojalá los ciudadanos sepan captarlos! Al escuchar a algunos candidatos parece que el anhelado cambio de mentalidad empieza a deslumbrarse.
+ Froilán, obispo de Neiva.
