jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-11-21 08:30

El perfil del próximo alcalde

Las “mañas” en la elección popular de alcaldes y gobernadores, en la mayoría de los casos, han contaminado de manera grave el ejercicio democrático.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 21 de 2014

La selección de los ciudadanos que dirigirán por cuatro años el destino de municipios y departamentos no siempre se orienta a escoger a los mejores. Se piensa, con exagerada ingenuidad, que el ruido mediático de los aspirantes y sus intensas visitas a reuniones de comunidades urbanas y rurales garantizan por si mismas la transparencia y la eficacia de la justa. Nada mas engañoso. Se olvida que el objetivo fundamental, en lo posible, es seleccionar al mejor entre los varios aspirantes. Surge entonces la pregunta: ¿Cuál es el mejor? Resulta que al final el escogido es el que obtenga más votos. Sea como sea y vengan esos votos como vinieren. El resultado es entonces una lotería. El premio o el castigo, para la ciudad y sus habitantes, se disfruta o se sufre durante cuatro años. El sistema actual exige necesariamente una inteligencia colectiva para tratar de acertar con el mejor candidato. La inmensa mayoría de los municipios del país no tiene esa inteligencia. Es algo que se adquiere con el transcurso de los años. O puede que nunca se adquiera. En este último caso la ciudad se marchita y se deteriora tanto que con el tiempo puede convertirse en un gran caserío que no puede llamarse ciudad. La ciudad es una conquista de las civilizaciones que irradia poder y cultura. No es solo una aglomeración de barrios, de dispensarios y de buses viejos. La ciudad se construye con ciudadanos. Los ciudadanos son habitantes de la ciudad, “sujetos de derechos políticos y que intervienen, ejercitándolos, en el gobierno de la ciudad” –definición RAE- no son, por lo tanto, “carne” electoral que se compra y se vende por “lotes” como se negocia el ganado: -“mire, yo le tengo doscientos voticos en el barrio…a la orilla del río deme cuatro “palos” y yo se los cuadro p’al domingo. Los tengo bien trabajaditos”- ¡Horrible! ¿No es así? Pero es cierto. Por eso la primera cualidad en el perfil del próximo alcalde debe ser la ética. Porque sin ética no se construye sociedad. No se construye ciudad. Por el contrario, se destruye todo. Sin ética vamos cayendo en la condición primitiva de animales que se manejan con gritos y con afiches subliminales. El alcalde que se posesione el 1º de enero de 2016, ojalá haya triunfado porque se dirigió a la inteligencia de los ciudadanos y los convenció con sus ideas acerca de la necesidad de ser honestos con su ciudad y de pagar a tiempo el costo mensual de los servicios y los impuestos. Porque así el puede retribuirlos con  una excelente agua potable, una luz que no se “vaya” cada rato y con alumbrado público que si alumbre. Para todo esto se requiere valor. Valor para decir no a los que se acercan a ofrecerle plata para obtener contratos. Porque las obras deben licitarse y adjudicarse por el precio justo al profesional calificado que se la ganó en franca lid. Para eso se están formando en las universidades con el esfuerzo inmenso de sus familias. No se están formando para volverse cómplices de negocios arreglados por debajo de la mesa. Así no se construye ciudad competitiva. Así se está formando un nido de malhechores. Con esos “ciudadanos” no se construye ciudad. Se construyen penales, si es que levantan la huelga los empleados de la rama judicial. Y entonces los cómplices seguirán sueltos haciendo sus fechorías.