El padre Chucho
Margarita Suárez Trujillo
Mi trabajo periodístico me permite conocer personajes fascinantes como el padre Jesús Joaquín Martínez Triana, más conocido como el padre Chucho, párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en el barrio Canaima, un sacerdote que me causa admiración por la forma en que toma la vida, con tranquilidad, sabiduría y generosidad extrema. Nacido en Algeciras, yo diría que es un personaje irrepetible. Ni sus 72 años de edad ni su condición eclesiástica, han podido frenar sus ímpetus. Sigue soñando y planeando muchas cosas buenas, pensando en las generaciones venideras. Es curioso verlo en la pequeña parcela que tiene en La Ulloa, donde funciona una casa de convivencias y retiros espirituales, repartiendo dátiles y pidiendo que se los coman pero devuelvan la semilla para sembrarla, a sabiendas que dicha palma requiere cerca de ocho años para dar sus primeros frutos. Esa tierra fértil la tiene sembrada de frutales y árboles de diversas variedades que consigue aquí y allá para disfrute de sus visitantes. En una época cultivó uva y desarrolló un proyecto que denominó “La Cava del Cura”, donde produce vino artesanal, que distribuye en las iglesias de la zona. El padre Chucho trabajó 20 años como capellán del Sena, con autorización del señor Obispo. Esa cercanía con la institución gubernamental, le ha facilitado el camino técnico para ser gestor de la construcción de dos templos en Neiva, el de la Parroquia del Espíritu Santo en el barrio Chicalá y el de Nuestra Señora de Fátima en Las Palmas, consiguiendo recursos con caminatas y rifas de casas. Como párroco de San José, desentechó el machimbre de la iglesia para devolverle su frescura y acabar con un nido de palomas y murciélagos que tenían tonelada y media de excrementos acumulados, donde los osarios desocupados eran nidos de palomas. Ha sido el gran continuador de la obra del padre peruano, Gerardo Córdoba, quien inició la construcción del templo del Sagrado Corazón de Jesús en el barrio Canaima, dejándolo en obra negra cuando regresó a su país después de vivir 33 años en Colombia. El padre Chucho ha ido poco a poco convirtiendo esta iglesia en un sitio imponente, subió 18 metros la torre y le ha colocado bellísimos vitrales. Vale la pena visitarla.
