El ocaso del liberalismo decimonónico local
Delimiro Moreno
Impactos
En un día como hoy, 2 de marzo, pero de 1885, termina prácticamente con el combate de Cogotes, a dos leguas al sur de Neiva, en la desembocadura del Riofrío en el Magdalena, el audaz experimento político liberal en lo que hoy es el Huila y entonces formaba parte, con la provincia de Mariquita, del Estado Soberano del Tolima, cuya existencia legal había comenzado el 12 de abril de 1861, por decreto firmado en Guaduas por el presidente provisorio Tomás Cipriano de Mosquera…
Ya lo he escrito en varias de mis intervenciones:
“Fue la época histórica más brillante que han vivido los actuales departamentos del Tolima y el Huila, unidos políticamente como lo exigía su unidad social, económica, étnica y geográfica. Durante esos 25 años de fructífera unidad, el Tolima (hoy llamado “grande” aunque nunca recibió oficialmente semejante título) se convirtió en el Estado “ejemplar” para Rafael Núñez, según lo expresó a sus gobernantes cuando ellos no militaban en su propio partido, el liberal independiente, pues eran radicales. El Tolima en la época federal, escribió Fabio Lozano Torrijos,“desbordaba de su seno las grandes inteligencias, los grandes caracteres y, sobre todo, los grandes luchadores de la libertad” (Prólogo al libro de Rafael Rocha Gutiérrez “La verdadera y la falsa democracia”, Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1974, p.8).
Dos tolimenses fueron entonces presidentes de la República, Manuel Murillo Toro y José María Rojas Garrido, jefe, el primero, del partido liberal radical nacional, e ideólogo, el segundo, de los artesanos “draconianos” y del general Tomás Cipriano de Mosquera. De los gobernantes regionales, cuatro fueron también presidentes de Colombia: Tomás Cipriano de Mosquera, José Hilario López, José María Rojas Garrido y Antonio Basilio Cuervo. Seis tolimenses, en esos 25 años, fueron Secretarios (ministros) de Estado nacionales en un momento en que estos funcionarios apenas eran cuatro o cinco por periodo presidencial: José María Rojas Garrido, Manuel Murillo Toro, Nicolás Esguerra, Napoleón Borrero, Eugenio Castilla y Aníbal Galindo. Los hombres del Tolima eran respetados a nivel nacional y el Estado era un centro intelectual muy valioso en el que brillaban con luz propia el jefe radical y estadista más importante del país en su época, don Manuel Murillo Toro; el primer orador, jurista y constitucionalista, José María Rojas Garrido; el más notable parlamentario y abogado litigante de su tiempo, Francisco Eustaquio Álvarez; el creador de la estadística colombiana y su primer economista y sociólogo, Aníbal Galindo; una de las pocas mujeres dedicadas con éxito a la literatura en la Nación, Waldina Dávila de Ponce de León; uno de los más respetados educadores, estadista y líder radical, don Nicolás Esguerra, “la primera virtud de Colombia”; uno de los más respetados, combativo y combatido jerarca de la Iglesia Católica, monseñor Esteban Rojas Tobar, maestro de Ismael Perdomo Borrero, etcétera. En fin, que en esos 25 años en que el pueblo asentado en el valle del Alto Magdalena mantuvo su unidad política, lamentablemente rota por la Regeneración que lo dividió arbitrariamente en dos departamentos enfrentados con perjuicio para ambos. El Tolima, por su economía, su cultura y sus hombres y mujeres, fue una de las regiones más influyentes en la vida nacional. Su importancia se medía, además, por el hecho estratégico de que su río y sus puertos eran la llave de la comunicación entre la capital de la República y los Estados del norte, por un lado, y los del sur, por el otro; sus productos, el tabaco, el cacao, la quina y el añil eran la base de la economía exportadora colombiana, transportados por champanes y vapores por el río Magdalena, que nace en su territorio, hasta el mar Caribe; sus poblaciones y puertos, Neiva, Honda, Girardot, Ibagué, el Espinal, Natagaima, Ambalema, Saldaña, Chaparral, Guamo, Purificación, Gigante, etc., (varias de las cuales fueron sus capitales en un momento dado aunque la mayor parte del tiempo de su existencia lo fue aquella que se encontraba en su centro geográfico y tenía entonces una mayor estructura cívica, Neiva), disputaban entre sí la primacía en el Estado y eran activos centros artesanales y comerciales”.
En Cogotes, pues, fue derrotado no solo el Estado Soberano del Tolima sino el proyecto liberal del siglo XIX.
