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Opinión/ Creado el: 2015-11-02 09:09

El ocaso de los caciques

Marco Fidel Yukumá

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 02 de 2015

En esta esquina

Ojalá Rodrigo Villalba, José Antonio Gómez Hermida y Jorge Eduardo Géchem Turbay, padrinos políticos de funestos recuerdos, comprendan el contundente mensaje que le enviaron los huilenses el pasado 25 de octubre desde las urnas. Sus coterráneos les advirtieron, al negarse a apoyar el acuerdo siniestro que suscribieron  para seguir mangoneando en la región, que ya es hora de que se percaten y se dediquen a otra cosa porque la política corrupta, clientelista, absurda y displicente que han practicado durante años, les fracasó.

A Rodrigo Villalba le castigaron su desmedida ambición, manipulando el Partido Liberal como si estuviera administrando fincas o cualquiera de sus propiedades, le castigaron su mezquindad y el juego sucio al que recurrió para hipotecar el liberalismo en beneficio propio y en el de sus amigos. Traicionó a Julio Enrique Ortiz, embolatándole el aval que le ofreció en convención,  por debajo de la mesa le coqueteo a Rodrigo Lara Sánchez y en público decía que su candidato era Gorky Muñoz. Por todo esto, los huilenses le dijeron desde las urnas que se sienten muy mal representados y que se le pasó el tiempo sin hacer nada por la región, que todo lo que consiguió fue solamente para él y sus amigos.

El mensaje para José Antonio Gómez Hermida, campeón de la maniobra, el tráfico de intereses y la marrulla, no es menos claro: hasta sus propios seguidores se avergonzaron y decidieron, por fin, zafarse de esa hegemonía odiosa y advertirle que su cacicazgo de tantos años perdidos que ni la justicia pudo deshacer, debe recibir entierro de primera clase, y que su influencia ejercida desde la sombra, por aquello de la vergüenza que causa la deshonestidad, por el bien del Huila debe quedar proscrita, sobre todo, después de las elecciones del 25 de octubre, cuando se evidenció el milagro de la democracia. Su falso liderazgo estorba, contamina y asfixia.

Desde las elecciones para el Congreso, los opitas ya habían expresado también desde las urnas su evidente apatía por la manera indecorosa con que Jorge Eduardo Géchem Turbay ha realizado su carrera política. Ha usufructuado el poder no solamente con descaro, ha aprovechado el aval que le han dado sus paisanos, elección tras elección para satisfacer sus necesidades y la de su familia, el departamento que se joda, para él lo importante siempre fue una millonaria pensión, los mejores cargos y oportunidades para los suyos, y pare de contar. El Huila no le debe ni siquiera buenas intenciones, ha sido afortunado en la política, pero la fortuna la ha disfrutado él solo.

Para resumir, queda claro que los electores en el Huila expresaron el pasado domingo 25 de octubre su cansancio, su inconformidad y su rebeldía contra las prácticas electoreras, politiqueras y atávicas con que los tres caciques han manoseado a la región durante años. Impusieron una coalición que terminó siendo un negocio entre ellos, para convertir a Carlos Ramiro Chávarro en candidato a la Gobernación a la fuerza, que de ser elegido habría ratificado un pacto fatídico, nefasto para el departamento. Afortunadamente los huilenses no sólo se cansaron de los caciques sino que aprendieron a conocerlos y a ponerlos en su sitio. Todavía tienen tiempo de salir por la puerta de la honrilla, porque nunca obtuvieron el derecho a salir por la puerta grande, un sendero destinado a quienes, diferente a ellos, se le juegan por su tierra con honestidad, grandeza y orgullo. Marfy16@outlook.es