sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-11-03 09:04

El nobel de Dylan

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 03 de 2016

El próximo año nos saldrán con el cuento de que Messi escribe los mejores poemas con sus gambetas o que el salto de Katherine Ibargüen es la mejor novela que hayamos visto. En el entendido de que los señores de la academia sueca otorgan el premio a quienes les dé la gana, siento desazón porque se desperdicie la creación y la creatividad de una gran colmena de escritores que conforman el rico panal de la literatura de este tiempo. Los mismos gringos cuentan con connotadas estrellan que podrían hacer digna la mención, si es que buscaban un hijo del Tio Sam para otorgarlo.

No es que sea mala leche, pero que le den el Nobel a un músico, por muy buena letra que escriba, por muy buen vendedor de discos que sea, por muchos grammys que haya obtenido, me pone la boca amarga y me dan ganas de vomitar. No imagino que García Márquez hubiera ganado el Grammy. De por sí, el Nobel no dice mucho para el gran público; muchas veces lo han otorgado a personajes solo conocido en el entorno de la academia, con la fortuna de que sus libros van a encontrar compradores, se vuelven imagen de una marca, dan conferencias a diestra y siniestra por lo que pueden cobrar cifras incalculables. Poetas hay que han ganado el Nobel que solo han sido reconocidos en su entorno familiar, y qué le vamos a hacer.

Esperaría que escritores como Auster, Todorov, si son gringos, ganaran el Nobel. El japonés Murakami, el español Marías, incluso el colombiano Ospina a pesar de su indeseable respaldo a un político de marras nacional. La lista es inmensa si de buscar buenos escritores y poetas se trata, como para concederle el premio a un loquito del Rock que aparte de eso lo único que ha hecho en su vida es fumar maracachafa e interpretar loberías al lado de un par de mechudos que se agitan incontenibles como si sufrieran epilepsia.

El Nobel lo pueden otorgar a quien les antoje, repito, pero entendido el respeto que presume, el premio para Bob Dylan es la mejor manera de insultar a quienes en la brega del lenguaje nos hemos dedicado a vivir de eso, con lo que implica vivir del lenguaje sin la mediática intención de la fama, menos de ganar un Premio. No hay premio más grande que saberse leído por algún iconoclasta que tampoco tenga interés por la fama, sino por la visión del mundo como una forma integral de fenómenos, como la contradicción de muchos pensamientos y saberes.

Para pensar que a los “Doctores” del Nobel se les fue la mano, y con la seguridad de que no es la primera metida de patas ni la última, pues de equivocaciones está lleno el mundo, y de injusticias se atiborran los estrados de todos los salones donde se decide la suerte de hombres y mujeres. Esta no será la última equivocación de quienes intentan decidir el pellejo de sus semejantes. Habrá que esperar que le otorguen el Nobel al burro que carga aguamasa, sin demeritar su oficio, porque la aguamasa tiene la fragancia menos confundible del universo.