El negocio de las coronas
Luis Alfonso Albarracín Palomino
Recientemente tuve la oportunidad de acompañar a la familia a las honras fúnebres de mi primo Ricardo Carvajal Molina, hasta el cementerio de los Olivos ubicado a un costado del corredor vial entre Neiva y Campoalegre, donde pude comprobar un caso degradante en el desarrollo de este noble acto. Tradicionalmente cuando fallece una persona, a las salas de velación, sus familiares y amigos envían coronas y ramos de flores como un símbolo de solidaridad y afecto hacia el difunto. Éstas son ubicadas en los vehículos acompañantes hacia el destino final del mismo. Cuando descienden los acompañantes, inmediatamente las ubican en un sitio aledaño al ataúd, mientras se dispone su entierro o su proceso de cremación.
Ya tenía indicios por comentarios que había escuchado de otras familias, sobre el destino final de las coronas y ramos de flores. Después que se despidieron los parientes y las amistades que nos acompañaron, decidí observar detenidamente cual iba a ser la ruta final de estos adornos mortuorios. Tamaña sorpresa la mía, cuando aparecen algunas personas que empiezan a sacarlas del camposanto y ubicarlas en algunos vehículos y motocicletas que se encontraban estacionados al lado del cementerio. Por casualidad coincidió con la ruta hacia mi domicilio donde resido, cuando observé a un vehículo que se encontraba en el cementerio, bajando las mismas coronas en las floristerías que se encuentran adyacentes en la funeraria los Olivos. Infiero que se constituyen en la materia prima para vender a los nuevos usuarios, que acuden a demandar sus servicios.
A mi modo de ver, una forma de evitar este reciclaje de coronas y ramos, sería ubicar una urna a la entrada de las salas de velación para que depositen el dinero en efectivo, que les puede servir de manera oportuna a los familiares y dolientes, para que puedan sufragar los gastos del mismo funeral. Para nuestra cultura es muy difícil que esto ocurra, por las tradiciones arraigadas que tenemos los pueblos latinos. Estos sentidos, son en realidad construcciones personales psicológicas, las cuales se van forjando con el día a día, con las vivencias personales y experiencias buenas y malas de la vida, que se han mantenido durante muchísimo tiempo y que son muy difíciles de alejar de nuestras tradiciones.
