El negocio de las armas
John Jairo Trujillo Quintero
El mundo se desmorona a pedazos, el grito mudo de almas desconocidas en lugares distantes, se pierden en la inmensidad de la pobreza y la atrocidad de la guerra. El palpitar alígero de los corazones oprimidos se traduce en una melodía de cataclismos y desastres abominables. ¿Tiene la humanidad plena consciencia de la universalización de la infamia?, ¿somos simples acomodos serviles en el concierto de la opulencia de unos pocos?, ¿somos la victoria inevitable de la sinrazón del egoísmo?
La humanidad camina por senderos nebulosos y movedizos, la incerteza de nuestros destinos colectivos nos han arrojado a la desesperanza y el fracaso, cada vez y con más fuerza, se merman las salidas posibles a nuestras crisis, el sendero de la humanidad parece estar orientado a desenlaces nefastos, a abismos inevitables.
En Sudan del Sur, 50.000 niños podrían morir de hambre antes de que acabe el año sino se toman medidas contundentes para atender este desastre, no obstante, el gobierno africano, como respuesta predecible al conflicto militar que afronta, gastó el año anterior 30 millones de dólares en armamento. La guerra es un sufrimiento necesario para uno de los negocios más lucrativos existentes. Se estima que el comercio mundial de armas en el mundo asciende a 100.000 millones de dólares anuales. Solamente en Estados Unidos se generan ganancias de 6.000 millones de dólares y se calcula que el 47% de los estadounidenses tienen armas de fuego en sus casas.
La FAO destaca que el mundo sólo necesita 30.000 millones de dólares anuales para erradicar la amenaza del hambre; es decir, aproximadamente una tercera parte del dinero manejado en la industria armamentista sería suficiente para acabar con el hambre en Sudan del Sur y en todo el mundo.
Prohibir la fabricación y venta de armas en las actuales circunstancias se torna realmente inverosímil, pero el control serio e integral en la importación, exportación y tránsito de armas es una alternativa viable y urgente para reducir la cantidad de muertes por esta industria. Por tal razón, el Tratado sobre el Comercio de Armas de la ONU, aprobado el 2 abril de 2013, se convierte en una opción importante para controlar la venta de armas y evitar su utilización para violaciones sistemáticas de derechos humanos.
Paradójicamente el avance de la razón ha nublado la comprensión de nuestras prioridades como humanidad, nuestra confusión erudita ha cegado la visión de lo esencial, de lo importante, de lo sumamente necesario para el bienestar de la gente. Debe llegar el día en que el mundo todo exija a los Estados que la inversión en armamento, nunca podrá ser superior a los gastos en educación y salud. Esto permitiría que la pobreza que alimenta las guerras, sea enfrentada desde sus causas fundamentales y no a partir de sus consecuencias.
