El más idiota
Por Ernesto Cabrera Tejada
¿Más idiotas del Bazar o hacer periodismo de verdad? El periodista difiere de cualquier otro profesional por su dedicación no sólo, sino por su investigación por ir mucho más allá de lo que otros dicen o de donde puede leer, es no creer jamás que se alcanzó la verdad, es desconfiar sin amargura para cobrar sin hambre.
Daniel Coronel, de lo más leído, querido y odiado, escribe en la revista Semana, sobre recientes casos de colegas descubiertos y expulsados por recibir dadivas o contratos anexos al desempeño en el medio para el cual trabajan. Se rasga las vestiduras Coronel, todos saben cómo funciona y él más.
No existen periodistas, existen informadores o vendedores de información o incluso “timadores” en uso de lenguajes y conductas antisociales. Es obvio que existen periodistas que hacen parte del Bazar del que habla Coronel. Pero es obvio también que existen verdaderos hombres de prensa, éticos comunicadores que podemos referenciar en esta región en los dedos de una mano (por supuesto que no la de Mahoma según Charlie Ebdo).
Es sencillo, pides limones al limonero, ¿A quién pides ética? El caso no es de hoy ni termina hoy ni terminará mañana. Es un asunto social de otras dimensiones y me remito a Salvater; «Es que es imposible, ¿cómo vas a explicar ética a personas que no han leído a Kant, Spinoza, que no conocen a Nietzsche ni a ninguno de los autores indispensables?Me parecía una noticia muy alarmante, porque la ética es una cosa que se supone todos vamos a necesitar, no solamente como algo propio, sino que necesitamos que los demás la necesiten. Es algo muy útil garantizar que los demás tengan ética, y si para tener la idea de una vida recta, de una convivencia justa, solidaria y digna, hace falta leer a tantos autores importantes, estudiar tantísimo, entonces estamos perdidos, porque solamente algún erudito nos brindará el adecuado apoyo ético, y el resto del mundo viviremos como fieras feroces, lo cual, insisto, por puro egoísmo, me parecía una perspectiva alarmante.
Alzar la voz es hacer una perogrullada. Existen unos más idiotas que otros y otros menos seguro. Lo auténtico del periodista está en formarse, estudiar, leer y leer, investigar, enseñar y salir del bazar en que los han enquistado.
