El Minuto de Dios siempre
Orlando Parga Rivas
El promover una buena causa no es fácil y trae consigo una serie de riesgos que pueden llevar a la frustración una, dos y hasta tres veces. Pero cuando medios y fines coinciden y se corresponden los propósitos se alcanzan y el reconocimiento al liderazgo por las buenas acciones sociales, comunitarias o benéficas, llega solo.
Por estos días abundan entidades y organizaciones liderando campañas en búsqueda de aliviar el dolor de miles de compatriotas que pasan dificultades por efectos de fenómenos naturales que el mismo ser humano ha provocado.
El riesgo de querer ser reconocidos y terminar crucificados precisamente por el descuido de no dar muestras de transparencia en el manejo de los recursos, especialmente destinados a los más necesitados, suele ocurrir en estas situaciones de coyuntura. Los colombianos tal vez como ningún otro país somos personas muy solidarias y a nivel mundial damos siempre muestra de nuestro respaldo a los indefensos.
Pero existe una organización, que gracias al trabajo denodado y generoso de un hombre que se entregó por el país, hace más de 60 años desde que la fundara, le ha venido prestando un invaluable servicio social de probado desinterés e impacto, y reconocida idoneidad, capacidad y claridad en el manejo de los recursos económicos o ayudas de toda índole que reciben para ser entregados a los más necesitados.
El Padre Rafael García Herreros, un sacerdote de la comunidad de Jesús y María a quien conocimos gracias a la televisión y porque todos los días nos ponía a reflexionar a los colombianos, se entregó por completo a la obra social y fundó una Organización que ha liderado las acciones cívicas: El Minuto de Dios.
La entidad es un faro moral y un referente de servicio a los necesitados que ha acuñado el llamado a "que nadie se quede sin servir", a la que muchas entidades aportan recursos para suplir las carencias materiales y espirituales de quienes carecen de lo básico o han perdido todo por la violencia, fenómenos naturales u otro tipo de desastres.
No solo en las grandes coyunturas o calamidades como la que atraviesa hoy Mocoa, sino en todo tiempo y lugar hace 6 décadas la Corporación Minuto de Dios se ha distinguido por su disposición a ayudar y la pulcritud en el manejo de los recursos de los colombianos. Otorgar una donación en dinero o especie a través del Minuto de Dios, es garantía que los recursos van a llegar a sus verdaderos destinatarios.
Gracias a la causa que emprendiera el Padre Rafael García Herreros, de transformar socialmente a Colombia desde los desposeídos, la Corporación Minuto de Dios ha entregado miles de viviendas a los necesitados y ha estado vinculado a muchas acciones humanitarias como el caso de Armero, La avalancha del Paéz y ahora con los damnificados de Mocoa.
Gracias a la obra social muchos afectados por la avalancha gozan de unas primera ayudas, pero la idea es concretar acciones con aliados del gobierno, la iglesia, la empresa privada y el Minuto de Dios. En esta región del Putumayo están trabajando desde el mismo momento voluntarios y colaboradores de la obra Minuto de Dios con el único propósito de mitigar en algo el dolor y la desesperanza por los que atraviesan muchas personas damnificadas.
El Padre Diego Jaramillo Cuartas, Presidente de la Organización Minuto de Dios, es un hombre muy bondadoso y entregado con dedicación por estas nobles causas y ha venido liderando una convocatoria nacional para ayudar a las familias que lo perdieron todo en este reciente desastre natural. Todos sin mezquindad alguna deberíamos volcarnos a atender este llamado para lograr paliar el sufrimiento de quienes lo perdieron todo.
Gracias a entidades como el Minuto de Dios que lideran con pulcritud esta clase de acciones. Un aplauso.
