El menos p’ior
El país, éste, Colombia, se encuentra polarizado. Profundamente enfrentado entre dos posiciones que más que de intereses de partido, representan dos tendencias ideológicas resurgidas del fracaso del modelo neoliberal, que en la otrora nación aplaudían liberales y conservadores.
En resumidas cuentas, los motivos subjetivos y materiales para la contradicción entre Godos y Cachiporros desaparecieron con la profundización del capitalismo, con el surgimiento del salvaje capitalismo de mercado.
Por un lado, un modelo nacionalsocialista (llámese estado comunitario), de profundo contenido derechista que predica la concentración de la riqueza como solución económica (grandes conglomerados económicos) y el reparto de migas como solución social(Familias en acción, pequeños subsidios económicos para los más pobres) para evitar así la rebelión popular, cáncer de la aplicación de las teorías socio-económicas de la CELAM. Desde luego el modelo nacionalsocialista tiene que ir de la mano con un estado de corte dictatorial, en cabeza de un caudillo que justifica toda acción (y es toda) en los más elevados principios de la nacionalidad.
Por otro está presente el modelo liberal, que acepta principios neoliberales, que propende por una apertura económica sin restricción, que busca mayor competitividad en la producción de la nación y la explotación masiva de recursos (locomotoras), con el aprovechamiento de mano de obra barata y propende por la libre competencia de mercado. Su posición es más de centro, y puede inclinarse a la izquierda si de conseguir apoyo popular se trata. El modelo liberal acepta también el flujo indiscriminado de capitales flotantes y el reparto de ciertos subsidios, aunque con mayor generosidad. Es un modelo ampliamente urbano, con el fortalecimiento de la gran industria y los servicios, sobre todo en los frentes donde se requiere cantidad fuerza física humana.
Son los dos modelos que están en discusión para las próximas elecciones. Ambos supremamente ambiciosos. Ambos altamente peligrosos. Ambos copan ambiciones de muy pocas personas, quienes tienen la capacidad de dominar el poder económico. Ambos desangrantes y profundizadores de la desigualdad social. El primero lo representa Uribe con su candidato Zuluaga, para quien todo está justificado y piensa que su razón es la razón humana. Y el segundo, representado por el presidente Santos, con una mentalidad de productividad, de vinculación de los recursos económicos a la competitividad, sin medir las consecuencias del modelo abyecto y obsoleto dentro del marco de las nuevas percepciones económicas.
Qué le conviene en forma pragmática al país, sería la pregunta para formular quienes con libertad y sin dogmatismo está llamado a participar en la elección de Segunda Vuelta, con el fin de escoger al “Menos P’ior”, como decía mi sabio padre. Lógico que el primer submodelo requiere un estado policivo, por eso no habla de paz así sepa que nunca va a vencer en la guerra. El segundo, el de Santos, necesita fortalecer el modelo democrático, construir un acuerdo de convivencia. Es prioritario el acuerdo con las guerrillas y los grupos armados. Y allí es donde tenemos alguna oportunidad, por eso no queda más que apoyar al presidente en su reelección. Por lo demás, un tercer mandato de Uribe, con interpuesta persona, ¡Aterrrrraaaa!!!!
Nota subíndice: De lo anterior, los politiqueros, nada saben.
