El mejor ejemplo.
Prisioneros de un pasado futbolero sin mayores éxitos, Brasil 2014 nos abrió la inmensa posibilidad de un sueño mayor, entendido desde la sensatez, el profesionalismo y el destierro de viejos vicios amigueros que sólo velaban por intereses particulares.
Se golpeó la enroscada estructura desde el sentimiento de país, falta recabar en lo administrativo y en desligar las incongruentes manifestaciones políticas que aprovechan el extasiado ánimo nacional para sembrar acciones en detrimento de la ya precaria economía de los más pobres.
Estos contradictorios escenarios fragmentan aún más el Estado. Ni los partidos políticos, ni las políticas de gobierno en busca de la paz, detener la corrupción, incentivar el agro, o cualquier otro programa han logrado más que un puñado de humildes jóvenes de la mano de un avezado hombre de fútbol.
Momento para alentar y apostar a los rendimientos siguiendo el ejemplo futbolero, si nos es tan difícil librarnos de esos impulsos bélicos pudiéramos transformarnos en deportistas o seguidores de estos y ganar pero sin matar, en vez de la guerra la competencia y salvar nuestras vidas. Si dejamos de competir perdemos esencia y a ello no vamos a renunciar, ahora menos que nunca.
Que no se vierta el odio sobre situaciones dolosas sin aportes de salvedad, ni se hable en dos lenguajes como en la Habana y en Arauca o en el Huila, que como el fútbol, se rompan grandes mentiras, enmienden errores y hagan aplicativos de justicia. Que se atenace el rendimiento de las buenas acciones y se releguen los precarios logros dejando en el histórico el dolor y las penas de lo sucedido. Que cada quien responda y corresponda a su participación por una nueva sociedad, libre, abierta, generadora de oportunidades con sentido de beneficio y reconciliación. Quienes se enquisten en vía contraria, bienvenidos mientras no se pronuncien con violencia y mentiras como lo hacen ahora unos y otros, provocan terror o huyen de sus delitos burlando la sociedad
Brasil 2014 nos llenó de satisfacciones, nos enseñó que los sueños son posibles y que cuando se razona socialmente, el esfuerzo y la capacidad de los más doctos siempre tendrán el respaldo de una fuerza que solo la masa de la sociedad puede originar.
