El laberinto del General
Lo sucedido la semana pasada con la retención del General Alzate en el Choco, muestra varios aspectos del Proceso de Paz.
De un lado que los enemigos de la Paz no están agazapados como en los anteriores y fracasados intentos de paz, sino que están de pie y actuando a la vista de todos los colombianos. Están dentro y fuera del Gobierno. El senador Álvaro Uribe Vélez, quien tiene línea directa con los militares, se informa primero antes el Presidente de la República y el Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, que juega a tres bandas. Ser el Ministro que se muestra más “duro” con las Farc en el Gobierno si la paz avanza, si la paz fracasa seguir en la cartera de Defensa como el fiel insigne de Uribe y las fuerzas guerreristas, y tres, perfilarse como candidato presidencial en las futuras elecciones.
El Ministro de Defensa a pesar de todos los desafueros y sus afrentas contra el proceso de paz se muestra incólume ante cualquier hecho, su voz y tono a veces discordante con el Presidente Juan Manuel Santos da sensación de estar en contra del paz, pero su convicción de guerrerista civil dirigiendo a los militares da la confianza y la seguridad que es la persona que no se doblegará ante las propuestas que surjan en la mesa de diálogo. El Ministro Juan Carlos Pinzón goza de respaldo del propio Presidente de la República y de Álvaro Uribe Vélez expresidente y senador.
Aunque todo está por aclararse el por qué un General de alto rango se encontraba sin los mas mínimos protocolos de seguridad que le permitió a la guerrilla de las Farc retenerlo y provocar la crisis en la continuación de las conversaciones, considero que esta podría ser una trampa que hubiera podido causar la muerte del General y dar al traste con todo el proceso. Una tragedia de esa magnitud no aguantaría y causaría un nuevo fracaso. Las Farc seguramente cayeron en la trampa y de ser un trofeo político el General, para presionar el cese al fuego bilateral lo volvió un acto en contra porque no esperaban que el Gobierno fuera a suspender las conversaciones al estar negociando en medio del conflicto armado.
El Gobierno ha rehusado al cese bilateral del conflicto bajo el argumento que parar las hostilidades le daría a la insurgencia aire y respiro para una eventual prolongación del conflicto armado que impide ponerle limite a las negociaciones. Si bien en la etapa exploratoria y de conversaciones la confianza entre las partes debe ir garantizando que la propia insurgencia tenga las mínimas condiciones de seguridad para la discusión al interior de la organización que le permita discutir hasta lo más profundo el futuro de sus combatientes, de sus propuestas y de la conformación de su organización en lo social, empresarial y político. Eso no nos debe asustar, las experiencias en el Salvador y Guatemala las negociaciones en su última fase permitió que la guerrilla tuviera zonas de concentración que fueron verificadas por la comunidad internacional.
