El lío de la movilidad y otros líos urbanos
Por Carlos Tobar
Cuando escribí el artículo de la semana pasada, sobre el decreto expedido por la municipalidad de Neiva que restringe la circulación de motos con parrillero, quería simplemente, hacer énfasis en la ilegalidad del mismo, así como, de su inutilidad al no abordar el problema de fondo de la motocicleta como cambio tecnológico y económico, que pone en riesgo la viabilidad de los sistemas públicos de transporte de pasajeros. No se me escapaba, la gran complejidad que para una ciudad intermedia en desarrollo como Neiva, significa, abordar después de muchos años de ausencia de planificación urbana, un servicio vital como el transporte urbano de sus ciudadanos. Porque, la verdad sea dicha, el plan maestro de movilidad, así como los planes maestros de servicios públicos, o del espacio público, o de las características ambientales y la preservación de las mismas con todas sus complejidades, o los estudios de la variable poblacional –en constante y creciente expansión por factores como el desarrollo económico y el desplazamiento rural–, para señalar algunos, son todos factores, con muchos otros, que se interrelacionan y actúan entre sí, en la conformación de ese gran todo que es la ciudad.
Del tipo de ciudad que queramos, necesitemos y podamos construir, depende el sistema multimodal de movilidad que deberemos definir. Para un país pobre como el nuestro, en una región pobre como el Huila, y una ciudad con índices reales de pobreza que pueden abarcar a más del 70% de su población urbana y rural, con ingresos per cápita de sobrevivencia, que ha crecido desde comienzos de la década de los años 60 del siglo pasado de manera desordenada y extensa, con índices de densidad de población por kilómetro cuadrado demasiado bajos, financiar para construir y sostener: obras de urbanismo, equipamientos urbanos y obras de infraestructura vial y de servicios, relativamente costosas para su capacidad económica real, son un imposible, que solo se puede explicar por el facilismo de gobiernos irresponsables, al no regular el uso racional de la tierra urbana y suburbana.
Es en ese medio, que proliferan y se complican los problemas de urbanización. Y es aquí donde deberíamos hacernos preguntas capitales, sin olvidar que de preguntas correctas, salen soluciones creativas y acertadas. Estas, serían algunas propuestas: ¿Puede un país pobre como el nuestro derrochar combustibles costosos para mover un parque automotor particular de escaso cubrimiento ciudadano? Si la infraestructura de funcionamiento de los sistemas de transporte público de pasajeros es costosa y la realiza la sociedad a través de las municipalidades y el gobierno nacional, ¿deben prestar el servicio particulares o debería ser un servicio de propiedad pública, al que trasferiríamos recursos importantes de la sociedad para garantizar la prestación económica, oportuna y de calidad que la ciudadanía exige? ¿Qué tipo de fuente energética se debe utilizar para el sistema público de transporte? ¿Qué política impositiva se debe implementar para quienes decidan utilizar el transporte privado? ¿Debe orientarse la ciudad hacia la densificación de la población o debe permitirse la extensión sin control con bajas densidades de población?
Varias personas que me escribieron, indagaban al respecto. Esta es mi contribución inicial a la apertura de este debate, que debe ser público e involucrar a todos los neivanos.
