domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-08-31 03:14

El imperio de las mayorías

Orlando PARGA

Escrito por: Orlando Parga Rivas
 | agosto 31 de 2016

El deseo de la aprobación o aceptación por parte de los demás nos lleva a hacer cosas extrañas.  Debido a la presión de grupo o clase, tendemos a vestir ropa de moda o de marca, sin importar si nos sentimos a gusto o no con su uso; aceptamos invitaciones que preferiríamos declinar; y trabajamos mucho más de lo debido, restándole tiempo al descanso, la recreación o la familia, para comprar aquello que nos confiere estatus o prestigio, y hasta nos endeudamos a más no poder para mantener un nivel de vida que aparente el éxito económico que no tenemos. Pero, lo más lamentable es que generalmente nos alineamos a las tendencias de opinión de la mayorías  aunque en realidad estemos en desacuerdo con ellas o nos lleva a obrar mal.

En términos de ciencia política y opinión pública,  la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann lo definió como "La espiral del silencio", como una forma de control social en la que los individuos se suman a las opiniones y adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no, para no aislarse o sentirse aislados.

En la actualidad, gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en especial las llamadas redes sociales, en fácil convertir en tendencia una opinión sobre determinado tema o asunto, rápidamente aceptada y replicada por la amplia audiencia a la que llega, hasta convertirse en la predominante, en la mayoría de las veces con altas dosis de pesimismo, negativismo, agresividad o violencia, trazando derroteros que sin reflexionar o analizar suficientemente adoptamos como propias sin darnos cuenta que nos conducen a un estado de estancamiento o retroceso intelectual o espiritual.

El Padre Rafael García Herreros lo señalaba: El país necesita simplemente entusiasmo de progreso, una oleada revolucionaria de buen sentido; no el de las puntillas a los carros, que es una cosa miserable, sino el entusiasmo positivo por construir una nueva Colombia.

El Rey Roboam, hijo del gran Salomón, sucumbió a la presión de grupo.  Rechazó el buen consejo de sabios ancianos que habían conocido a su padre y los errores que había cometido como rey. En su lugar, Roboam prestó oído al consejo de sus compañeros, consejeros jóvenes con los que había crecido. Es probable que estos estuvieran motivados por el orgullo y el deseo de poder, y él evidentemente se dejó llevar por la influencia.  Que caro pagó semejante equivocación.

En cada nivel de la estructura social, de las instituciones sociales existen personas que presionan al resto con el interés de que acepten esto o hagan lo otro. En tal sentido, todos estamos expuestos y en gran medida nos sentimos influidos por dichas presiones. Nos apremian desde todas partes. Pero es nuestro deber y derecho escoger el camino a tomar. Es decir, cuando desconocemos nuestros propósitos, o mejor aún, cuando no tenemos claro para dónde vamos, aceptaremos dócilmente cualquier camino que nos trace otro, porque nos alivia del peso de tomar una decisión y en tal sentido nos va a parecer bueno.

En este tiempo, cuando el país reclama de nuestra conciencia y voluntad nos dejamos influenciar por líderes de opinión mezquinos y orgullosos, que solo buscan convencernos y conducirnos a actuar en favor de sus intereses personales, de grupo, gremio o clase, pero en detrimento del conjunto de la sociedad y el bienestar general.  ¿Pero qué tal si al contrario, escuchamos la voz clamorosa de lo alto que susurra: Sería una pesadumbre y un gran remordimiento dejar el mundo tal como lo encontramos o peor?

Es decir, comenzamos a morir cuando ya no tenemos algo por lo que vale la pena vivir, e, irónicamente, comenzamos a vivir hasta que encontramos algo por lo que vale la pena morir pero que paradójicamente honra la vida. Ese ‘algo’ es el punto convergente entre lo que saca lo mejor y lo peor de nosotros mismos, lo que nos mantiene despiertos hasta última hora de la noche y nos levanta por la mañana muy temprano. A cualquier edad, sin importar las credenciales, la educación ni la posición social, es importante vivir con pasión, perseguir con ahínco lo que da sentido a nuestro día y que aporta su granito de arena a la construcción de un mejor planeta

De modo que, apelando al sentido de supervivencia y de bondad que habita en la naturaleza humana, hagamos conciencia y aunemos esfuerzos para entregarnos totalmente por el país que con voz palpitante reclama acciones a favor de la fraternidad, la armonía y la unidad de todos los colombianos en aras de los objetivos supremos de la sociedad y de la patria: la reconciliación, la paz y el progreso. Las acciones bélicas y guerreras durante más de medio siglo han probado que lo único que dejan es muerte, dolor y rencor.

El conflicto radica precisamente en la tiranía de la mayoría o del más fuerte, que ignora o anula al otro como aquel que tiene la responsabilidad y la capacidad de encontrarse con su propio ser y con el de sus semejantes, para construir a partir de esa correlatividad caminos de consenso y desarrollo.