El IGAC, ente inútil
Diógenes Díaz Carabalí
El conflicto existente entre los departamentos de Chocó y Antioquia es el mismo que existe entre diversas entidades territoriales el país, e idéntico a la diferencia limítrofe entre Huila y Cauca. Quiere decir que la entidad encargada de los límites territoriales es un ente inútil, por lo menos en este aspecto, que en lugar de dar soluciones, agrava las diferencias.
Uno se pregunta ¿por qué en tantos años el Instituto Agustín Codazzi no ha solucionado estos problemas limítrofes? Demuestra su inoperancia; también cuánta ignorancia suma. Por ejemplo, en la diferencia limítrofe entre Huila y Cauca, la ley es muy clara en marcar los linderos; Sin embargo, autoriza al municipio de Puracé-Coconuco el recaudo del Impuesto Predial sobre 44.000 hectáreas enmarcadas dentro del territorio huilense. Además, permite que el potencial electoral del corregimiento de Moscopán sufrague en mesas instaladas por autoridades del Cauca, y que este departamento y el municipio de Puracé, realice inversiones de infraestructura y nomine funcionarios para desempeñar funciones en ajeno, lo que según la ley constituye un peculado.
Lo real de estas situaciones, es que se cuecen muchos intereses en estos territorios en disputa, generalmente ocupados por colonos pobres o aspirantes a terratenientes que se apoderan de extensos baldíos, quienes han encontrado en los politiqueros de departamentos vecinos solución primaria a sus aspiraciones, sin que las autoridades de control ejerzan función cuando de inversiones por fuera de los linderos regionales se trata. Después los politiqueros cobran por ventanilla obras que se atribuyen, llevando a los sufragantes a votar en sitios de su interés. Por lo menos es lo que ocurre en Belén de Bajirá región muy celada por los varones electorales de Antioquia; misma situación en Moscopán, donde ha sido notoria la presencia de políticos caucanos. La primera feudo electoral de los caciques antioqueños; la segunda, patrimonio del hoy jubilado senador Aurelio Iragorri y de su segundo de a bordo, Jesús Ignacio García Valencia.
Lo peor de esta situación de anarquía territorial es que la solución no se avizora. El IGAC no cumple su función, mientras las comunidades se sienten atropelladas si las regiones intentan ejercer autonomía. Lógico es que los dueños electorales presionan a través de sus “Líderes” para se mantenga el Status Quo, chocando con las autoridades a quienes corresponde ejercer presencia y desarrollar planes y programas para esas comunidades. En el caso particular del Huila, el hecho de que agentes extraños ocupen su territorio, constituye una peligrosa amenaza para su economía y su supervivencia, pues la zona en discusión es de gran riqueza hídrica, nacen allí la mayoría de las fuentes que la riegan, pero también una importante reserva forestal y de especies animales que los colonos no están en condiciones de salvaguardar. De allí la importancia de ejercer soberanía sobre la región de Moscopan en forma pronta y efectiva, pero el IGAC duerme en los laureles de su inoperancia.
