El Hundimiento del Titanic y el Estado Colombiano
Por El Pájaro de Perogrullo
Hace más de 100 años, El Titanic, el “unsinkable”, el insumergible, se fue al fondo del Atlántico. Había zarpado de Southampton (Inglaterra), luego hizo escalas en Cherburgo (Francia) y Queenstown (Irlanda), antes de iniciar su periplo hacia Nueva York.
El Titanic era grandioso, digno de admiración y resultado del ingenio de la época. El Capitán, estaban bajo presión de la prensa, los inversionistas y su propio ego, para dar resultados, para batir el record de ruta que había impuesto el RMS Olimpic, para llegar a su destino y hacer un despliegue publicitario majestuoso, para tomarse una foto que lo pusiera a él como héroe y diera réditos extraordinarios a los inversionistas.
Haciendo caso omiso de las advertencias de “Icebergs” en la ruta, el Capitán avanzó en las gélidas aguas del Atlántico a toda máquina. Los vigías desde sus atalayas no lo vieron a tiempo. El barco trató de virar con la inútil esperanza de que no pasara lo irremediable, que el barco colisionara con un “Iceberg”.
El Titanic contaba con 16 estancos debajo de la línea de flotación y podía resistir que 4 de ellos se inundaran. Lo impensable sin embargo pasó: se inundaron 5. El Capitán y la tripulación, en lugar de indicarles a los pasajeros la gravedad del asunto, les indicaron que era un ejercicio y les ordenaron a los músicos que tocaran como si nada estuviere pasando. Cuando los pasajeros se dieron cuenta de que la cosa si era en serio, ya era demasiado tarde para organizar una evacuación eficiente y ordenada. De los 1.170 puestos con que contaban los botes salvavidas, a pesar de que el número total de almas era 2.227, solo se usaron 710.
Esta trágica historia se parece desafortunadamente a lo que esta viviendo nuestro Estado Colombiano y la ruta a la Paz.
El Gobierno, en su carrera contra el tiempo y su afán de tomarse la foto de la Paz, ignora las señales de peligro, de desinstitucionalización que vive el país y la posible Venezonalización de Colombia en el postconflicto.
Avanza a toda máquina hacia la Paz, ignorando los “Icebergs” y con varias de las instituciones (estancos) inundados. Las instituciones –Las Cortes, La Fiscalía, La Contraloría, El Congreso y el mismo Ejecutivo– hacen agua por si solas.
Unas por tener señalamientos de corruptas, otras por los intereses políticos particulares, obtusos y errados y otras por los egos personales de quienes las representan.
Las voces solitarias de prudencia, que señalan cómo se debería conjurar la situación y dirigir el proceso de Paz, las de aquellos que ven los “Icebergs” en el camino, son acalladas con la compra de conciencias, con el uso de los recursos públicos para marchas y propaganda, para que los músicos toquen y entretengan, como si nada estuviere pasando. Esas voces se han vuelto desesperadas y, en el fragor, a quien advierte del colapso, del problema, del “Iceberg”, lo tildan de matón, de tira piedras y de problemático, de enemigo de la Paz, mientras que el ciudadano de a pie es manipulado por quien manda para que piense que el problema es quien lo señala y no el problema mismo. Seguimos entonces como El Titanic, a toda máquina, sin reflexionar, sin prudencia y sin ver el problema, con la proa apuntando al “Iceberg” de la Paz a cualquier precio, cuando las instituciones por si solas hacen agua, y en un camino de entrega del país a la izquierda delirante.
Los músicos siguen tocando y los ciudadanos esperamos con resignación que todos esos estancos inundados y el hecho de ignorar los “Icebergs” en el camino de la Paz, no arrastren al Estado y sus ciudadanos al fondo del océano, con la completa indiferencia del Capitán de nuestra Colombia, Juan Manuel Santos, como lo fue en su momento la del Capitán del Titanic, Edward John Smith.
