El hijo bobo de Hernán Andrade
Germán Hernández Vera
No es literal. Se trata de Henry Liscano Parra, actual secretario de Vías e Infraestructura de la Gobernación del Huila, un personaje muy cuestionado, con investigaciones en curso en todas las ‘ías’ (Fiscalía, Contraloría y Procuraduría) y hasta señalado de maltrato a sus subalternos, algo que dista mucho de las políticas y prácticas que conocemos del muy ponderado gobernador Carlos Julio González Villa.
De su paso por el SENA -donde laboró durante algo más de 10 años- no quedaron gratos recuerdos. Estuvo en la seccional Pitalito, en la regional Magdalena y en la de Antioquia. Allí –dicen actuales trabajadores del SENA- se le recuerda por los continuos escándalos y desavenencias con sus subordinados y por los muchos procesos que por delitos contra la administración pública abrieron en su contra.
Contra Liscano han cursado investigaciones por celebración indebida de contratos, peculado por uso, peculado por apropiación, favorecimiento en contratos y tráfico de influencias, entre otros, algunos de los cuales aún están abiertos y pendientes de fallo por parte de la justicia.
El muy amigo del senador Andrade y protegido de la diputada Sandra Hernández, es garzoneño de nacimiento, de profesión ingeniero Agrícola y adorador del Dios Baco de la mitología romana, algo que no es pecado si se practica con mesura.
Del SENA salió debido a la presión que durante cerca de 10 años ejerció el sindicato. Ellos son los verdaderos artífices de la mayoría de las denuncias que cursan en su contra y del apelativo (no es lo mismo que alias) de líder del “Carrusel de los Achury”, refiriéndose a los muchos contratos que durante el paso de Liscano por el SENA se ganó Melquisedec Achury, el poco célebre exalcalde Isnos.
Dentro de las indagaciones de las ‘ías’ está la legalidad de varios contratos asignados a hermanos, primos, tíos y casi toda la parentela de Achury, cuentos que además llegaron a oídos de Alfonso Prada, actual director del SENA, quien se reunió casi en secreto con algunos miembros del sindicato de la entidad para conocer detalles de las ‘peripecias’ de Liscano. Dicen que Prada pidió al sindicato pruebas concretas. De allí en adelante no sabemos qué pasó, lo cierto es que a Liscano lo declararon insubsistente.
Sin mucho qué hacer, Liscano se dedicó a la campaña de Esperanza Andrade a la Gobernación y de Miguel Rico a la Alcaldía de Pitalito. Perdió con Esperanza, pero su esfuerzo fue recompensado por el senador Andrade, quien como siempre no lo desamparó. Sonó como secretario de despacho en Pitalito, luego como asesor del Incoder (en liquidación) y finalmente lograron meterlo en la Gobernación como cuota del andradismo, donde parece lo vigilan con cuatro ojos, pendientes que a su despacho no se acerquen los Achury.
Por el momento no se puede hablar de la gestión de ninguno los secretarios, sería injusto por el poco tiempo que ha pasado, sin embargo, son muchos los huilenses que le tienen poca fe a la gestión del que llaman “El hijo bobo del senador Andrade”, que de bobo -como vemos- no tiene nada.
