El gran reto
Gloria Cepeda Vargas
El próximo domingo 6 de diciembre, conocerá Venezuela los nuevos integrantes de la Asamblea Nacional, órgano de representación popular por excelencia. De tipo unicameral, ejerce el “poder legislativo federal en la República Bolivariana de Venezuela” y está conformada por 165 diputados. Nace después de la aprobación de la Constitución de 1999 en reemplazo del Congreso de la República, órgano bicameral. Su función principal: dictar y modificar leyes, ya que el artículo 187.1 de la Constitución, le otorga competencia para “legislar en las materias de competencia nacional y sobre el funcionamiento de las distintas ramas del poder nacional”. Desde el 5 de enero del 2012, la preside Diosdado Cabello, uno de los hombres más poderosos del régimen.
Esto en el papel. Quienes hemos tenido oportunidad de presenciar las sesiones de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, presididas por un vociferante presidente que esgrime el poder sin cortapisas de ninguna clase y convierte el recinto de la Asamblea en un campo de batalla donde no faltan desde las más soeces agresiones verbales hasta los ataques físicos inferidos a los diputados de la oposición con rotura de narices incluida y micrófonos convertidos en proyectiles contundentes, sabemos que en estas deliberaciones, Venezuela sufre una de las afrentas más sórdidas contra todo lo que represente democracia o civilidad.
Su actual situación navega a contracorriente de lo que representa muro de contención para los apetitos desbordados del animal humano. Por un golpe de suerte o debido al agotamiento del régimen adeco-copeyano y la ingenuidad proverbial del venezolano, un hombre caprichoso, astuto y provisto en gran medida de eso que llamamos carisma, llegó a Miraflores. Hoy, de su socialismo del siglo XXI, patrón donde levantó su ambicioso proyecto sociopolítico, queda un país sumido en la más desconcertante anarquía. Las presumibles buenas intenciones del comandante Chávez, devinieron en realizaciones mórbidamente individualizadas. Clanes familiares súbitamente empoderados, hicieron de la potencia petrolera del momento, su botín personal. Manejado por el resentimiento y la más crasa ignorancia, el país se vino abajo. Hoy es un lugar sin brújula, donde las necesidades primordiales giran en la órbita del sálvese quien pueda. Por primera vez en 17 años, el oficialismo, con encuestas que ubican su nivel de aceptación en un 20%, se tambalea. A pesar del deterioro democrático y la infinita y hasta ahora inédita pauperización social, Maduro, consciente de lo que sucede, amenaza, en caso de derrota, con una acción cívico militar que en castellano significa asesinos sueltos en calles y puestos de votación, con la aprobación del gobierno. Amanecerá y veremos.
