El futuro del proceso de paz
Humberto Cardoso
La próxima elección presidencial en Colombia, será quizás la más importante en mucho tiempo, porque estará en juego el futuro del proceso de paz. El Congreso de la República acaba de aprobar el acto legislativo que le permitirá a las Farc, crear su propio partido para participar en política y tener representación en las dos cámaras, mínimo con cinco congresistas en cada una de ellas. Ya no serán enemigos violentos de los gobiernos legítimamente constituidos y del Estado, sino sus adversarios ideológicos, lo cual no es algo novedoso, como quiera que con la Unión Patriótica se hizo este ejercicio democrático, con las consecuencias que todos conocemos, el exterminio de esta colectividad, con más de cuatro mil muertos y su obligado regreso a las armas, que en esta oportunidad entregarán previamente a la ONU, como garantía de su sincero y real interés por alcanzar la reconciliación entre los colombianos, que cuenta con el apoyo y el respeto del mundo entero.
Si bien es cierto que en algún momento del conflicto interno, que por tanto tiempo hemos padecido, se creyó que la violencia en nuestro país requería una acción fuerte para contrarrestarla, lo cual se intentó sin éxito en otros gobiernos, no podemos seguir pensando que todas las acciones de fuerza que se adelantaron para superarla, fueron inexorablemente buenas y se justificaron por la defensa del régimen constitucional y legal vigente. Lo que hicimos para combatir la violencia con violencia, paramilitarismo, falsos positivos, violaciones a los Derechos Humanos, no estuvo bien hecho y reconocer que nos equivocamos, es el fundamento de una sociedad abierta, que valora la libertad y la democracia.
Por eso no podemos permitir que se conduzca al país en la dirección incorrecta, debemos poner fin al círculo vicioso de la violencia, en el que nuestros miedos y la furia de los violentos, se alimentaron entre sí con resultados funestos. Debemos repudiar en las urnas la propuesta de la retaliación y el odio. Si nos equivocamos y renunciamos a la oportunidad que se nos presenta para reconciliarnos, le diremos al mundo que somos una sociedad violenta sin remedio y estaremos en guerra por mucho tiempo más. No olvidemos que fueron las propias víctimas que asistieron a La Habana, las que le pidieron a las partes en conflicto, que no se levantaran de la mesa hasta que alcanzaran un acuerdo. DEFENDAMOSLO.
