viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-05-26 08:37

El fin no justifica los medios

Ernesto Cardoso

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 26 de 2017

Esta expresión tiene su directa relación con la famosa frase que  de manera injusta, por equivocada interpretación, se le ha atribuido a Maquiavelo; para pretender demostrar que, en el arte de gobernar, es válido acudir a cualquier medio para lograr los objetivos que el Príncipe desea, pues en su obra cumbre conocida como El Príncipe formuló interesantes análisis sobre la correcta relación entre éste y sus súbditos para el eficaz desarrollo del Estado.

Fue tanta la influencia alcanzada por tan errónea interpretación de su teoría política, al punto que siglos después, fue evolucionando hacia el ejercicio absoluto del poder, en el cual, los gobernantes se convirtieron en tiranos que preferían ser temidos por sus súbditos en vez de ser amados y respetados por éstos, llegando incluso hasta los albores de la revolución francesa con la histórica frase atribuida a Luis XV  “ el estado soy yo “.

Como consecuencia de la gesta libertaria de la Bastilla se impuso la democracia liberal que en su momento se sustentó  en tres principios fundamentales LIBERTAD-IGUALDAD y FRATERNIDAD; los cuales concluyeron en el Estado-Nación en donde el territorio, el pueblo y la cultura fueron sus elementos esenciales. Posteriormente se conoció la teoría de Montesquieu para quien la legitimidad política del Estado se asentó en la división de los tres poderes o ramas del poder público, la Ejecutiva, Legislativa y Judicial.

Esta evolución histórica del pensamiento político nos permite recordar que el poder del gobernante tiene ciertas limitaciones tanto jurídicas como éticas y morales, razón por la cual, el fin NO justifica los medios, pues en una verdadera democracia el poder político radica en cabeza del pueblo y de él es que emanan los poderes públicos.

Las presentes breves reflexiones sirven para demostrar que en la actual coyuntura histórica que vivimos en Colombia, es indispensable reclamar la presencia real de valores y principios democráticos afincados, a su vez, en la ética pública que debe guiar a nuestros gobernantes, legisladores y jueces; a fin de que el equilibrio en el ejercicio del poder responda siempre a los supremos intereses de los gobernados, y no a los mezquinos y codiciosos de quienes hoy ostentan tales investiduras.

La aberrante corrupción que hoy hace metástasis en las altas esferas del poder debe ser rotundamente rechazada y castigada por los ciudadanos, pues es la única manera de preservar tanto los valores políticos de la democracia como los principios éticos y morales de nuestra sociedad, pues cuando la corruptela se desborda, la legitimidad del régimen político que la sustenta destruye la confianza de los gobernados.

No es alarmismo histérico de quienes ejercen la oposición política al actual régimen ni menos aún fanatismo religioso. Es una postura de sensatez democrática para evitar los extremismos que por desgracia hoy están padeciendo nuestros hermanos venezolanos a quienes el liderazgo mesiánico de Chávez les ha llevado a la actual tiranía de Maduro.

Nunca, jamás, el fin del príncipe gobernante, por noble o justo que aparente ser,  podrá justificar los medios que utilice para alcanzarlo pues de su “ iluminada “ soberbia  y arrogancia, solo malestar e injusticias le traerá a sus súbditos o gobernados. Ojalá el Presidente Santos, las Farc y los políticos de la Unidad Nacional, no mantengan la tentación de seguir desconociendo la voluntad del pueblo y contrariando la reciente  decisión de la Corte que solo busca proteger nuestro ordenamiento constitucional y el sano equilibrio de poderes que, entre otros principios, sustentan nuestra democracia.