El exprimidor
Carlos Tobar
No amigo lector, no es el instrumento doméstico con el que sacamos el zumo a los cítricos. Puede parecerse, pero no lo es. Ojalá lo fuese, porque sería menos doloroso. Porque, la realidad, del que hablamos, se ha convertido en el mecanismo predilecto de los gobiernos para sacarnos hasta la última gota del producto de nuestro trabajo o, para decirlo gráficamente, hasta el último peso. Nos referimos a los impuestos, las tasas, las tarifas. Todos a una, como en Fuenteovejuna, en los comienzos de año, se desbordan en cascada interminable persiguiendo con saña los menguados ingresos de los trabajadores asalariados y de los empresarios no monopolistas de la ciudad y el campo.
Si ya sufrimos los embates despiadados de la inflación de precios, causada por la maxidevaluación del peso frente al dólar –una manera sutil de morder una tajada grande de lo poco que logramos ganar–, ahora el gobierno nos prepara la receta de la “reforma tributaria estructural”. Es decir, un aumento de los impuestos. Pero, no para todos. Solo para los más débiles. Los poderosos de siempre lloran ‘lágrimas de cocodrilo’, reclamando ante el gobierno por las reducidísimas contribuciones que, ocasionalmente, les toca hacer. Sus voceros de Anif o Fedesarrollo, se encargan permanentemente de denunciar el trato discriminatorio en materia de impuestos gritando a voz en cuello que en Colombia “las empresas pagan los impuestos más altos de todo el mundo”. Las estadísticas reales, como muestra el estudio del economista francés, Thomas Piketty, prueban como, en los últimos 35 años, los impuestos que paga el gran capital prácticamente han desaparecido o son irrisorios.
Aunque, la anunciada reforma está en estudio y, como dice el mismísimo presidente Santos, ‘todavía no hay nada decidido’, en la práctica muchas de las recomendaciones de la misión de sabios, o de la OCDE, o del Banco Mundial –los estudios usados como insumos para formularla–, ya se están aplicando. Para la prueba, y así comenzar la explicación de la cascada impositiva, que estaremos haciendo en escritos sucesivos, revisemos las resoluciones 5358 y 3318 del Ministerio de Transporte que modificaron, el primero, el avalúo base del valor de los vehículos para el pago del impuesto de rodamiento y, el segundo, el costo de la revisión técnicomecánica que anualmente deben hacer los vehículos que transitan por calles y carreteras.
En la revisión del avalúo de los vehículos, la comisión de expertos ha recomendado aumentar los de vehículos de mayor antigüedad, así como la exención de impuestos a los vehículos oficiales y a las motos con cilindraje inferior a 125 c.c. En la resolución mencionada se aprecian reavaluos frente al año anterior que duplican y hasta triplican el gravamen que se venía pagando, según denuncia la Federación Nacional de Departamentos. En la revisión técnicomecánica, se unificaron las tarifas para todo tipo de vehículos en smld, prohibiendo las promociones de precio entre CDA con el argumento de ‘competencia desleal’. Además, se le recarga una contribución obligatoria a favor de la recién creada Agencia Nacional de Seguridad Vial, y se establece la obligatoriedad de cancelar los derechos de la revisión técnicomecánica, a través del sistema financiero por intermedio de un operador postal habilitado que…, no adivinen, será SuperGIROS S.A., organización constituida como operador postal de pago con convenio con el Grupo AVAL. ¡Eureka!
