El Estado llega tarde
Froilán Casas
Es mucho más rentable prevenir incendios que apagarlos. Aquí todo se improvisa, la previsión y el alistamiento se desconocen. Todo es a última hora y por lo general lo que se hace rápido, queda mal hecho. Cuando todo es prioritario, nada es prioritario; cuando todo es urgente, nada es urgente. Lamentablemente el Estado es ineficiente, casi siempre llega tarde. Cuánto se hubiera podido ahorrar en términos económicos, sociales, laborales y familiares, si antes de un paro, los problemas se hubiesen resuelto. Un Estado con tanta burocracia y tanta normatividad resulta paquidérmico. Para muchos funcionarios del sector público y aún del privado, el verbo administrar se traduce por complicar. Por favor, amigo funcionario dé una respuesta pronta, positiva o negativa justificada, pero dé respuesta. Un Estado es terrorista cuando no responde con prontitud a los requerimientos de los ciudadanos. ¿Cómo puede hablarse de paz cuando no están satisfechas las necesidades básicas? ; ¿cómo puede hablarse de paz cuando una dependencia del Estado o aún del sector privado no responde a los compromisos adquiridos? Tener buenos servicios públicos es apenas normal en un Estado bien organizado. Un país con una cascada de impuestos como el nuestro, ¿cómo se entiende que la salud, la educación, algunas vías estén aún en la edad de piedra? Habría que analizar la austeridad en el gasto público que se aplica en los países altamente desarrollados, comparados con el nuestro, hay una diferencia abismal. Un parlamentario, un alto ejecutivo, un magistrado de las altas cortes y funcionarios de alto rango comparados con sus homólogos de Suecia, Finlandia o Noruega, nos quedamos aterrados. Allá el alto funcionario del Estado anda sin escoltas, en su vehículo particular y va a hacer el mercado como cualquier ciudadano. Aquí se sigue votando con criterio estomacal. Hace falta mucha cultura ciudadana. ¿Cuándo saldremos del subdesarrollo político? ¿Cuándo será que el voto sea libre? Sigamos con las políticas asistencialistas y así tendremos el voto cautivo. ¡Qué sofisma de distracción despilfarrar el dinero de los contribuyentes que lo han ganado trabajando, dilapidándolo generando una mentalidad dependiente! Sigamos repartiendo dinero simulando al “papá Noel” para que me vean como un mesías en quien todos deben cifrar sus esperanzas. Estamos alimentando una mentalidad de zánganos. Los doscientos años de independencia que estamos por celebrar, ¿no serán más bien doscientos años de dependencia? No seamos ilusos: no demos pescado, enseñemos a pescar. Que todo mundo sea gestor de su propio desarrollo. Capacitemos al hombre y mañana saborearemos un país productivo y próspero. Subsidiemos la productividad no la mendicidad. ¿Cuándo será que seremos verdaderamente independientes y libres? Recordemos la frase del papa Pablo VI cuando nos visitó en 1968: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Achiquemos el Estado y hagámoslo más eficiente, achiquemos el parlamento y hagámoslo más productivo. ¿Cuándo será que tenemos una política de salarios equitativa y el parlamento no se fije los mismos? Un presidente que se atreva a ponerle el aguijón al gato, se mete en problemas y hasta lo “tumban”. Sí, necesitamos redentores. Claro, quien se meta de redentor muere crucificado. Necesitamos hombres que se la jueguen por unos principios.
