El embeleco de la marihuana
El polémico proyecto que pretende legalizar la marihuana para uso en enfermos terminales, no deja de ser otro embeleco que desnuda la incapacidad del Estado para controlar su consumo.
Será otro argumento del “vicioso” para obtenerla con mayor facilidad, porque es muy posible que se comercialice sin mayores controles estatales, como ha quedado demostrado si conjugamos la relación actual del adicto con el tráfico ilegal.
Abruma la doble moral del Estado, se permite la dosis personal y a su vez se penaliza a expendedores, y en estas condiciones tanto el uno como el otro son cómplices conocedores de un delito.
Es irónico, un consumidor sabe quien la vende y en donde la venden, o sea que es un encubridor y todo el mundo lo sabe, sin embargo es poco lo que puede hacer la policía institución contra la que recaen las más severas críticas.
El consumo de marihuana, según la ciencia, es nocivo a largo plazo ya que agrava los desengaños en la vida de no pocas personas, por el uso inapropiado, cuyo segundo paso del adicto será acudir a otras drogas más terribles y perniciosas.
La permisividad normativa influye para que disminuya el temor de las nuevas generaciones, inclusive hasta su timidez para hacerlo en público, por eso no es raro ver individuos calle arriba con su emboquillado de marihuana en la mano, sin prevención a rechazos por consumirla en público y molestar a los demás.
Este proyecto de ley del senador Juan Manuel Galán, es un paso decisivo para quienes tratan de emular el proceso adelantado política, legal y socialmente por los promotores de los derechos de las comunidad Lgbti, que hasta hace poco no solo eran rechazados, sino perseguidos por sus inclinaciones sexuales.
Los expertos en adicciones señalan que “La alteración del estado de ánimo ocasionado por la marihuana permite al consumidor evadir la realidad y evitar afrontar sus problemas, y en cuanto más eviten la realidad, más problemas se van sumando en sus vidas.
Sin embargo, se utiliza para contrarrestar los dolores causados por el cáncer, el Sida y otros tipos de enfermedades terminales que se tratan con estratos de la “yerba maldita”, cuya efectividad solo se ha comprobado fumándola.
Los que ya deben estar listos son los centros naturistas que sin control del Invima promocionarán pomposamente extractos y otras presentaciones de marihuana.
El consumo de marihuana, así suene caricaturesco, ha sido el primer paso que han dado muchos para convertirse en consumidores de otras sustancias mas peligrosas como cocaína, bazuco, hachís que los ha llevado ser “flamantes” habitantes de la calle, sin familia, desechando oportunidades, sin trabajo, en la soledad y en el frío del pavimento.
Si la adicción a la marihuana ya fue reconocida como tema de salud pública y se permite la dosis personal, no veo la razón por la que sigan haciéndole propaganda con proyectos para legalizarla con fines terapéuticos, porque ya los médicos la pueden formular, me parece que lo que se está allanando es el camino para su legalización.
El senador Galán debiera ocuparse mejor de temas que socialmente representan los grandes cambios esperados de este Gobierno, cuya propuesta de paz debe matizarse con inversión social y atención urgente a las necesidades básicas insatisfechas de la población, que son bastantes.
