El ejemplo de Simona Duque
Alfonso Vélez Jaramillo
Como me gustaría que los principales enemigos del proceso de paz de la Habana, incluyendo al ex presidente Álvaro Uribe, sus funcionarios, senadores y representantes, repitieran el ejemplo que nos dio la heroína Simona Duque de Álzate, en plena guerra de la independencia.
Esta señora con una valentía impresionante le entregó al prócer José María Córdoba, a siete de sus ocho hijos para que lucharan por la dignidad y la libertad de Colombia, pese a ser viuda y ellos los soportes integrales de su subsistencia.
Una vez tuvo conocimiento el general Santander y por solicitud del entonces coronel Córdoba, que estaba conmovido “por ese rasgo tan sublime de amor a la patria”, ordenó para ella una pensión vitalicia de 16 pesos íntegros al mes durante su vida para doña Simona, de la incipiente Provincia de Antioquia.
Sin embargo, esta dama que ya estaba de avanzada edad, jamás aceptó recibir su pensión argumentando que “mientras pueda trabajar y valerme por mi misma, así pues, sin dejar de agradecer esta dádiva la renuncio para que no haga falta esa suma a la República, en tanto no se halle completamente libre. Dios guarde a Vuestra Excelencia, Simona Duque de Álzate”. Que muestra tan grande de compromiso con su patria, muy distante de los intereses que aceitan hoy el horrible conflicto colombiano que ha cobrado más de seis millones de víctimas en sesenta años de nuestra lamentable historia de terror, secuestros, desapariciones, desplazamientos y muerte, que igual hemos vivido y sufrido en toda su intensidad y en carne propia quienes peinamos canas.
Contrasta que doscientos años después, los dirigentes del Centro Democrático con la frase de “paz sin impunidad” no estén de acuerdo con las negociaciones y prefieran seguir con esta mezquina guerra, porque consideran que es la única manera de acabar con la guerrilla, pero tampoco se conoce que alguno esté dispuesto a tomar las armas, ni ha presentado a alguno de sus hijos para que sirvan a la patria.
Esa obligación se la dejan a los pobres, a los hijos de los campesinos, a los indígenas, a los negros y a los ciudadanos de a pie, la carne de cañón en este lamentable conflicto que ha dejado desolación, tristeza y muerte en todos estos años de perturbación del orden público.
La mayoría de los dirigentes del centro democrático de alguna u otra manera se han lucrado del tesoro público, inclusive me atrevo a manifestar que ni siquiera el 20%, ni sus hijos han prestado servicio militar obligatorio, ellos no saben a qué saben, ni como se come.
No es un secreto que el servicio militar se lo trasladan a los que no tienen como cancelar la cuota de compensación en el Fondo Rotatorio del Ejército por su libreta, que son los que precisamente necesitan ese documento para conseguir empleo.
Es bueno recordar que, durante los dos gobiernos de Uribe Vélez, hubo recursos multimillonarios para combatir a la guerrilla, y aunque si la diezmó en un 50%, jamás pudo a acabarla y se negó la existencia del conflicto armado señalando a la insurgencia como una amenaza terrorista.
En los siete años de operaciones de esa administración hubo más de 4.500 mil muertos, casi dos muertos por día, un poco más de 14 mil heridos, para un total de 17. 200 víctimas entre militares, policías, guerrilleros, narco paramilitares y civiles, pero no se acabo el conflicto por la vía armada, según cifras oficiales.
Finalmente, ¿porque se infunde tanto temor al proceso de paz? si ya tenemos ejemplos palpables en los cuatro puntos cardinales del mundo de países que han salido adelante, gracias a la solución de sus conflictos internos mediante el diálogo y la concertación, o sigan el ejemplo de Simona.
