El día llegó
Froilán Casas
Al gran físico y matemático alemán Albert Einstein se le atribuye la siguiente frase: “Tengo miedo del día que la tecnología vaya a sobrepasar la interactuación humana, el mundo será una generación de idiotas”. Pues mi querido lector, el día llegó. Si hay algo esclavizante para el hombre de hoy, es el maravilloso servicio de la telefonía móvil. Los Iphone en todas sus versiones y Ipat, instrumentos facilitadores de las comunicaciones, en muchos casos han frenado la comunicación personal. Con frecuencia hablamos con el que está lejos e ignoramos al que está cerca. Tenemos una cadena de “amigos” con quienes conversamos (dígase chatear en el lenguaje cibernauta), y vivimos alejados de aquellos con quienes convivimos. ¡Qué paradoja! El hombre moderno vive cada vez más aislado del vecino. En los edificios de apartamentos ni conocemos, ni nos interesa conocer a los vecinos. Hemos construido un mundo absolutamente anónimo. La tecnología no nos llama por nuestro nombre, aquél con el que nos susurraban nuestros padres; aquél que escuchábamos con dulzura cuando nos llamaba nuestra madre. Ahora somos un código de barras.
Se piensa que se es grosero solo con las palabras. Pues no. Se es más grosero con las actitudes. Usted es despreciado e ignorado cuando a la hora hermosa de las comidas no puede hablar, pues su cónyuge, su hijo, sus padres, están “ocupados” atendiendo llamadas pues no les alcanzó el tiempo de las ocho horas laborables del día. Por favor, dedíquele tiempo a su familia. Sólo ellos le acompañarán en las horas aciagas. No hay cosa más chocante que hacer una visita, cuando el otro no se despega del móvil. ¡Qué grosería! Hay gente adicta a la telefonía móvil, hasta en el baño viven hablando con el que está lejos. ¡Qué tristeza! Para muchos cuentan más los extraños que los seres de sus entrañas. Siga viviendo en una burbuja narcisista, mañana morirá sólo y en el más absoluto abandono. Lo que usted siembra, eso cosecha. ¿Por qué se queja de su soledad, si usted vive el más horrible aislamiento? Estamos edificando una generación de robots; las relaciones personales son cada día más esquivas. Hay gente tan pegada al ordenador que no saca tiempo para disfrutar la alegría de la amistad. Espero que en el féretro le pongan un portátil.
¿Dónde están las reglas de convivencia? Estamos haciendo de la ciudad humana, un lugar hediondo y descompuesto. Los problemas no los han traído los marcianos, los hemos hecho nosotros los especímenes de la tecnología sin alma. ¡Qué paradoxal es el hombre! Tan grande y tan pequeño a la vez. Casi que es el ser más raro de la creación. Tan hermoso que es vivir y los hombres hemos complicado la vida. Aldous Huxley soñó con un hombre programado genéticamente para ser feliz. Hasta ahora, ¿cuál ha sido el resultado? Un hombre que no le encuentra el sentido a la vida. El gran siquiatra Viktor Emil Frankl al escribir su hermosa obra EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO, resalta que sin un Absoluto, el hombre no le encuentra sentido a la vida. Ese fue el secreto de haber superado todas las torturas en los campos de concentración de Autzbitz y Dachau.
