domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-06-24 06:32

El día después

Libardo Montealegre Murcia

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 24 de 2016

Atalaya

Si es cierto que las Farc van a cumplir con lo pactado con el gobierno en relación con el cese de hostilidades y el fin del conflicto, debemos alegrarnos todos en la medida que habrá menos dolor por muertos y heridos en esta guerra que, en la narrativa oficial, ahora resulta que viene siendo culpa del pueblo colombiano.

Escuchando el discurso - programa de gobierno – de Timochenko, hoy convertido en estadista por obra y gracia del pusilánime gobierno actual colombiano, nos ha quedado claro al país que se viene una etapa de imposiciones y exigencias sin fin de esta guerrilla envalentonada y al parecer ahora poseedora de la verdad, la justicia y de alguna manera de la dirección del estado.

Había que ver cómo Timochenko le exigía al gobierno la derogación del nuevo código de policía, cómo reivindicaba la memoria del dictador Chávez que tanto daño le hizo a Colombia protegiendo e impulsando esta guerrilla en el oriente venezolano, y lo mas absurdo, hablando de exterminio de bandas criminales, olvidando acaso que las Farc en buena parte de su existencia ha sido una banda criminal y narcotraficante. El narcotráfico brillo por su ausencia en la intervención este “estadista” . Al parecer las Farc nunca tuvieron que ver con la expansión y consolidación de este negocio en Colombia.

En ningún momento, el Timochenko, reconoció la profundidad del daño ambiental que su actividad generó en los departamentos del oriente y el sur de Colombia con la deforestación para la expansión de los cultivos de coca, y sus asentamientos campamentarios. El tema ambiental no es con ellos.

En su intervención, arrogante y ofensiva, Timochenko en ningún momento reconoció ningún error, barbarie, crueldad con la población civil, del accionar de las Farc en su gestión de su ahora llamada rebelión contra el estado.  Es ofensivo para el colombiano corriente pretender que se olvide de un plumazo esta saga de violencia.

El discurso de Santos, por su parte, entreguista y edulcorado con frases y dichos de marketing político, aportó mucha claridad sobre el triunfo inobjetable de las Farc sobre el estado en La Habana. Perdió la oportunidad, esa sí histórica, de haber hecho un acto de afirmación por la democracia, la de los votos, no la de las balas de las Farc.  Pero claro, le quedaba mal hablar de la soga en casa del ahorcado: Cuba la dictadura más larga de la historia del mundo, con un pasado de violencia y falta de democracia, y Venezuela país garante del acuerdo, con un presidente devenido en dictadorzuelo que no vale la pena ni mencionar en este momento.

Ni un reproche del Presidente a la historia delictiva de las Farc, al contrario, elogios por haber hecho el favor de sentarse a fijar sus posiciones en La Habana. Todo son loas y fantasía alrededor de una paz que no es real, hasta que se implementen por los menos los acuerdos sobre el fin del conflicto y cese de hostilidades. Mientras tanto a las Farc, entre buena parte de los colombianos no se les cree, tienen que demostrar con hechos su voluntad de terminar el conflicto.

Mis amigos lectores, que hayan leído los acuerdos que se han hecho públicos, estarán de acuerdo conmigo que en general allí no hay nada que no este contemplado en la constitución y las leyes de Colombia, y que la implementación de determinadas políticas se podía hacer desde el Congreso.  Pero este gobierno, y este Congreso, eunuco, decidieron que existiera una instancia de supra gobierno en La Habana, desde donde nos están cogobernado las Farc y el actual gobierno nacional.

Es increíble que el Congreso se haya desmontado de su responsabilidad de legislar para todos los colombianos para legislar a favor de un grupo terrorista y narcotraficante.  En la transmisión de televisión de los actos de la Habana ayer, escuche a uno de los enmermelados comentaristas de una cadena de televisión, con júbilo inmortal, magnificar que las Farc habían reconocido la institucionalidad al aceptar que acataran la decisión que la Corte Constitucional tome sobre el tal plebiscito que se nos viene. Esta cantado el fallo de esa Corte, como ha estado cantado todo lo que está ocurriendo en este proceso donde las Farc han salido gananciosas, sin someterse a las urnas, ni rendirle cuentas al pueblo colombiano sobre sus atrocidades y mucho menos reconocer sus faltas.

Dios quiera que la implementación del acuerdo firmado ayer en La Habana abra las puertas a un periodo de convivencia sin el accionar político armado de narcotraficantes y guerrilleros. Eso sería una ganancia.

El día después, del este acuerdo, será largo y lleno de exigencias por parte de las Farc. Ya obtuvieron el máximo triunfo internacional. El triunfo político. Ahora vienen por el triunfo total sobre el estado colombiano y su población, con la luz de la doctrina del socialismo del siglo XXI de Chávez como francamente lo anuncio el Timochenko en su ofensivo discurso.