El desarrollo es el nuevo nombre de la paz
Por Froilán Casas
El tema de la paz ha sido un tema recurrente durante décadas y ¿por qué no?, centurias. En Colombia no hemos conocido la paz. En cada época estamos peleando por algo, si no hay motivo, nos lo inventamos: ayer violencia partidista, después violencia social; ahora ¿cuál violencia? Discursos agresivos calificando groseramente a los gobiernos anteriores. Se habla de paz y a la par, se califican a quienes presentan otras formas de lograr la anhelada paz, como “enemigos de la paz”. ¿Qué autoridad moral tienen quienes califican a los contrarios como enemigos de la paz?, ¿qué colombiano no quiere la paz? Mientras no desarmemos los corazones, no habrá paz.
Se ha repetido hasta la saciedad que mientras no haya justicia social no habrá paz. En La Habana se firmará la paz, no cabe duda. Bueno, es un paso. El mayor enemigo de la paz es la corrupción. La corrupción se encuentra en todos los niveles. Llegar a la oficina de trabajo una hora tarde, es un robo de una hora diaria al Estado. Cobrar más de lo justo es una forma de violencia. La especulación y el acaparamiento, son versiones de violencia. El Estado es terrorista e injusto cuando no atiende a los ciudadanos. Construir mal una carretera, unas instalaciones educativas, etc., son muestras de una violencia institucionalizada. Los pésimos servicios del Estado: carreteras, hospitales, centros educativos, parques; son el caldo de cultivo para que haya violencia. De los largos paros sin solución salimos afectados los ciudadanos que pagamos impuestos para responder a las exigencias de cada momento. No cabe duda que muchos reclamos son justos y se deben hacer. ¡Pero en esto hay tanta incongruencia!
Lo que gasta el Estado en seguridad no se traduce en bienestar ciudadano. Los colombianos con alguna solvencia económica tienen que irse a conjuntos cerrados pues el Estado no les da seguridad, a pesar de los impuestos que paga. Cualquier tienda de barrio tiene que tener gruesas rejas para que el pobre tendero no sea atracado. La violencia callejera es la más nefasta para el ciudadano honesto. Mientras no haya trabajo productivo, no habrá paz. Si no cambiamos la cultura del asistencialismo, por la cultura de la promoción de la persona humana, para que sea gestora de su propio desarrollo, siempre habrá pobreza, no habrá paz. Con aumento de la fuerza pública no se dará seguridad al ciudadano. Mientras haya desempleo no habrá paz. El Estado debe subsidiar la productividad, no la mendicidad. Fortalezcamos el campo para que sea rentable vivir en la finca productiva. Las buenas vías son la expresión de paz. Necesitamos dobles calzadas, viaductos y túneles para conectar el país. No más retórica, invirtamos en infraestructura vial, en educación y en salud y así llegaremos los colombianos a disfrutar de la anhelada paz. Si los presupuestos se manejasen bien, optimizando los recursos y con honestidad, otra sería la vida de los colombianos. Si los impuestos se traducen en excelentes servicios, los colombianos viviríamos en paz. Estamos cansados de marchas, pasacalles, banderines y foros sobre la paz. El desarrollo es el nuevo nombre de la paz.
+ Froilán Casas, obispo de Neiva.
