sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-12-27 09:16

El Código Da Vinci

Pedro Arias

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 27 de 2016

Hace poco, conversando con algunos amigos sobre buenas películas yo mencioné "El Código Da Vinci", a lo que uno de los contertulios, profesor universitario, me dijo que no le había agradado nada. Le pedí que me explicara su opinión ya que iba en contravía con la de millones de aficionados a las películas de aventura-misterio y acción, como lo comprobó el altísimo recaudo de taquilla. El profesor me dijo que esa película chocaba con sus principios religiosos.

En países tradicionalmente católicos como España e Italia y los de Suraméricaignoraron el llamamiento de la Iglesia para boicotear "El Código Da Vinci" y fue la película más vista en su estreno. Probablemente mi amigo pertenece a alguna asociación religiosa de muy rígidos conceptos. Me hizo meditar sobre el fanatismo religioso y la relatividad de los gustos y disgustos y me propuse escribir esta columna, con la intención de explicar, desde mi punto de vista, algunos aspectos fundamentales del libro, más que de la película y, de paso, analizar otros temas que allí se tocan.

Entendí perfectamente que quien no haya leído el libro de Dan Brown, antes de ver la película, difícilmente podría captar la sucesión de ideas y de pequeños detalles mostrados magistralmente por el director Ron Howard y, mucho menos, podría encontrar los méritos de la fidelidad del guión al texto del libro. Estoy hablando para el promedio culto de espectadores a quienes no los atropella el conocimiento de la historia, del arte, de las religiones, ni de la mitología de otras culturas y que, además, no le tienen pavor a pensar en contra de los dogmatismos religiosos, ni les aterran las excomuniones.

El Código Da Vinci es una novela incesante, que como el Ulyses de Joyce, transcurre en el limitado periodo de veinticuatro horas. No creo que tenga, ni de lejos, pretensión alguna de convertirse en un texto teológico para clases de religión. Es una novela para disfrutarla, leyéndola sin pausa y casi con fascinación. Ese atractivo es una experiencia que seguramente hemos experimentado con otros libros en otras épocas de nuestras vidas. Algunos eruditos y cultísimos críticos, además del Opus-Dei, podrán decir lo que quieran pero no podrán negar que es una buena novela de misterio-acción-aventura y asesinatos.

Probablemente no llegará a ser una de las grandes obras de la literatura universal, porque no estoy seguro de que pueda pasar la prueba del tiempo, aunque ya han transcurrido más de diez años desde su publicación, por más popular que aún siga siendo ahora. Se debe reconocer que Dan Brown incluyó en su novela "grandes y complejas ideas, así como minúsculos detalles y fragmentos de pensamientos intrigantes".

En esta época de importantes y veloces cambios, nuestra cultura está ávida de alimentar la mente colectiva con conceptos verdaderos. La farsa y la mentira que las mentes colectivas de otras épocas requerían, y que les fueron suministradas en grandes dosis por diversas religiones, y en especial por la cristiana, ya no calan. Esas épocas, afortunadamente, ya pasaron. La gente culta no traga entero.

Aún entre los escritores más elevados y más literatos, son pocos los que actualmente están escribiendo novelas que traten de grandes conceptos filosóficos, cosmológicos o históricos. Y quienes así lo hacen, simplemente son inaccesibles aún para el lector más sofisticado y educado, o terriblemente aburridos para el común de las gentes. Dan Brown, en cambio, nos ofrece un interesante surtido de ideas y conceptos fascinantes, que podemos compartirlos sin prerrequisitos académicos de ninguna naturaleza. El libro puede ser leído, sin necesidad de hacer pesados ejercicios intelectuales, por cualquier ama de casa, sin ofender a nadie, y es un reto divertido para ir a investigar qué es verdad y qué es "carreta".  

Habrá muchos que se sentirán ofendidos en sus creencias, como mi amigo el profesor, y serán muy intransigentes sobre la materia. Seguramente porque son dogmáticos y han creído a pie juntillas todo lo que les han enseñado desde niños, en materia religiosa, y nunca se les ha ocurrido profundizar sus conocimientos estudiando en búsqueda de la verdad.

Intentemos hacer un pequeño ejercicio repasando conceptos, contrastándolos con la realidad más cercana a la verdad. Podríamos empezar por señalar que la intransigencia, la intolerancia y la persecución son los efectos que se derivan de la interrelación que, desde tiempos remotos, han mantenido la política, la religión y la economía y son características de sus actividades "non sanctas", que históricamente están demostradas, y que esos poderes las han utilizado y auspiciado para su propio beneficio. Poderes que se han colaborado, pero que también se han enfrentado entre sí,y que han tejido los hilos con los que siguen manejando al mundo, así pensemos que la globalización los puede neutralizar.

No creo que la idea del autor del Código Da Vinci, fuera la de escribir un tratado histórico-religioso sobre la supuesta o verdadera relación sentimental de Jesús de Nazareth, con María Magdalena, sino una novela, basada en hechos históricos, sobre los relatos de las Cruzadas y los Templarios y que no desentona con los conocimientos que prevalecen hoy en día.

Naturalmente que Dan Brown utiliza el mundo de los mitos medievales y del New Age, reciclándolos a partir de leyendas y creencias documentadas por otros autores a lo largo de las últimas décadas. Algunas de esas leyendas caen por debajo de los estándares para tenerlas en cuenta como evidencia de credibilidad científica y eso no vale la pena discutirlo en términos de historia o de hechos reales.

Para algunos se trata de un montón de cuentos ocultistas, de paparruchas de los masones para desprestigiar a la Iglesia y al Opus Dei. Para otros muchos, son cuentos en términos de historia, pero es un material fascinante para la narración y el folclor, inagotablemente interesante para discutirlo desde el punto de vista de los mitos, de las metáforas y de nuestro ADN cultural.

Muchos comentaristas discuten furiosamente sobre la representación que Dan Brown hace sobre la doctrina religiosa y la doctrina cristiana. Varios libros han salido a la luz pública ofreciendo una crítica del Código Da Vinci desde el punto de vista religioso. Pero Dan Brown no ha dicho que tenga la razón desde el punto de vista teológico ni histórico: escribió un libro para ser un "best seller" y lo consiguió.

A lo largo de la historia del cristianismo se extiende una cadena interminable de persecuciones, intrigas, mentiras, montajes, matanzas y guerras; tergiversaciones de primitivas enseñanzas y acomodos de doctrinas para hacer realidad las necesidades políticas, sociales o económicas del momento.

Las relaciones entre política, religión y economía, desde el imperio romano cristiano hasta nuestros globalizados tiempos, siempre han existido, comenzando en las abiertas disputas sobre la fractura existente entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, y concluyendo con los fundamentalismos y el orden económico global capitalista de nuestros días.

Lo curioso reside en el ¿por qué a la gente le gusta tanto estos temas que echan por tierra muchas creencias cristianas? En este escrito he querido enfatizar sobre algunas ideas, que surgen cuando se analiza con ecuanimidad a este libro y a la película de Ron Howard. No es mi deseo entrar en polémicas ni ser crítico o irrespetuoso con las creencias religiosas de nadie. Solo significa que ustedes, mis queridos lectores, deberán investigar las evidencias argumentales y sacar sus propias conclusiones, leyendo el libro y viendo la película.

Les deseo que hayan pasado una Feliz Natividad de Jesús y que el año de 2017 sea el año de la Paz.