miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-09-16 11:31

El asesinato de una flor

Carlos Tobar

Escrito por: Carlos Tobar
 | septiembre 16 de 2015

No tuve la oportunidad de conocer a Flor Alba Núñez pero su vil asesinato me la ha vuelto inolvidable. Es como si la hubiese conocido de siempre. Su figura menuda y vital de los últimos pasos que vimos en el video del atentado mortal; la estampa de una mujer aguerrida, batalladora, generosa, solidaria, como nos cuentan que era quienes la conocieron, perdurará en nuestra memoria para no borrarse nunca. Así como nos duele la desaparición de un ser querido, cercano a nuestros afectos, nos debe doler a los huilenses la temprana  muerte de Flor Alba. No solo porque era una persona joven, en la plenitud de su ciclo vital, sino porque representa la lucha frontal contra el crimen que se ha empotrado en todas las esferas de la vida nacional y regional. Los bandidos que ordenaron su asesinato tienen poder, aspiran a tener más poder y someter si se precisa a quienes se les opongan, utilizando todas las armas a su alcance. Hasta las del atentado personal y la violencia generalizada para preservar sus privilegios y alcanzar la impunidad. ¡No podemos permitirlo!

A Flor Alba Núñez, así como a todos los periodistas sacrificados por ejercer con entereza y valor su profesión, debemos convertirlos en la bandera de lucha contra el crimen organizado. Son la estampa viva de la cruzada por la verdad de decenas y centenares de periodistas comprometidos con el progreso de Colombia. Sobre todo con el esfuerzo por superar la ‘cultura mafiosa’ que lleva 40 años tratando de imponerse haciendo valer el poder corruptor del dinero sucio. Dos son sus fuentes principales y hacia ellas hay que poner el ojo avizor de la ciudadanía toda: el narcotráfico y sus delitos conexos, especialmente el lavado de activos y, –valga la redundancia– la malversación de los recursos públicos. Hacia ellas debemos enfocar la mira periodistas, analistas, generadores de opinión, fiscalía, autoridades judiciales, la Dian, etc. El objetivo debe ser desenmascarar ese poder corruptor que hoy posa de gente de bien. Que camuflados en ‘negocios’ legales, o representación gremial, política, social o cultural aparecen como prohombres en una sociedad que ha hecho culto a la riqueza mal habida. Son un cáncer para una sociedad que hace unas décadas era constituida por gentes buenas, de trabajo, honradas, de costumbres sanas.

Mi llamado es a todos los medios de comunicación, a las agremiaciones de periodistas, a las fuerzas vivas de la región para que organicen y convoquen esta cruzada en donde el nombre de Flor Alba Núñez debe ser la figura icónica. No podemos quedarnos quietos, hay que exigir a las autoridades encontrar a los responsables y castigarlos, pero también debemos hacer causa común con ellas en esta tarea y en la más amplia de limpiar nuestro entorno. Hay que estimular la participación de la sociedad en esta batalla. Debemos empezar por promover la sanción social de los bandidos. No puede ser que muchos conocemos de sus andanzas y permitimos que el poder corruptor de su dinero maldito se pasee impune lavando su imagen. No indagamos, no preguntamos, no exigimos explicaciones. Este debe ser el norte de un compromiso que le debemos a Flor Alba Núñez. ¡Paz en su tumba!