sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-02-05 07:49

El aporte a las campañas

Julio Cesar Triana

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 05 de 2017

En mi columna del pasado domingo me referí a las contradicciones que existen en el ordenamiento jurídico nacional frente a la regulación del aporte a las campañas y las medidas que se han adoptado para que ello no se convierta en un pago anticipado de compromisos que asume el candidato beneficiado.

Hoy quiero terminar ésta entrega, hablando de una figura que aunque aparentemente nada tiene que ver con esos aportes, sí creo que sería una alternativa sana y necesaria para evitar el flagelo de la corrupción y el financiamiento condicionado de las campañas electorales para ocupar cargos públicos en nuestro país: Se trata del voto obligatorio.

Hasta el momento, el voto es un derecho en nuestro país, que por lo mismo, está sujeto al deseo del potencial sufragante, lo que en principio no solo coincide con su regulación en el contexto mundial, sino que además parece lógico que sea aquel que quiere, el que vote, no obstante que se han creado una serie de estímulos a favor de quienes deciden hacerlo.

Pero esa lógica tiene también serios cuestionamientos. Muchos de quienes deciden no votar son los primeros en alzar la voz cuando sucede un evento de corrupción pública, tratando de excusar su “responsabilidad social”, con al lánguido argumento de que no vota y por ello nada tiene que reprocharse.

Creo sin embargo que ya es hora que asumamos el compromiso que como sociedad tenemos. No es posible que haya una institucionalidad, demandemos protección de las autoridades y exijamos buenos servicios públicos, pero que a la hora de opinar sobre el norte de nuestro país y se deba elegir a quienes lo orientan, simplemente demos la espalda a esa responsabilidad, como si no nos tocara.

El voto obligatorio no sólo acabaría con esa indiferencia sino que nos obligaría a sumir las responsabilidad que como ciudadanos tenemos; y es que si queremos que algo cambie, debemos participar activamente en lo que consideramos su solución, bien sea postulándonos para ocupar la dignidad que tiene en sus manos esas decisiones o simplemente eligiendo a quienes deben hacerlo.

La dirección de un país no es privilegio de los de siempre, es la oportunidad de aquellos a quienes se las entregamos y si no queremos que lo sean, simplemente debemos participar. Así se acabaría en buena parte la corrupción, esa misma que ayuda a que sean siempre “los mismos con las mismas”.