domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-08-09 10:06

El aplomo que construye

Orlando Parga

Escrito por: Orlando Parga Rivas
 | agosto 09 de 2016

Una plomada es un cordel con un peso en un extremo. Los albañiles la emplean para cerciorarse de que la pared que están edificando no esté desnivelada o desbalanceada. También se puede colgar al lado de una pared existente para ver si está como cuando fue construida o si está inclinada.  Una plomada da el criterio para la construcción, pero también para corregir lo que pueda haberse salido del vértice. Por ejemplo, una terraza mal nivelada puede hacer que el agua escurra siempre hacia la casa.

Pero también existen personas dotados de criterios de ecuanimidad, equilibrio y aplomo. Ese aplomo se distingue en el aporte a la construcción de las sociedades y la cohesión o convivencia entre sus integrantes.  Ese líder con su aplomo traza, ajusta y nivela el colectivo o la comunidad. Desde el primitivo hombre, el Ser Humano siempre está en la búsqueda constante de encontrarse con sus congéneres en la formación de pequeñas tribus en la que todos tenían en común: la unidad, solidaridad y fraternidad.

El Padre Rafael García Herreros nos decía, “No sólo es pegar ladrillos; es más fácil pegar ladrillos que pulir las piedras vivas que son los hombres en la construcción de una sociedad”. Por tanto, la finalidad de la obra Minuto de Dios no era tanto construir casas, como organizar un nuevo modo de vida social, una comunidad fraternal, libre y ordenada.

En Colombia, en especial el Huila debemos ser constructores de la nueva sociedad que se avecina.  Somos hospitalarios, personas que acogemos como buen Samaritano y nuestras bienaventuranzas son trascendentales cuando es el otro el que sufre. La palabra griega traducida como ‘benditos’ (o bienaventurados) significa bienestar espiritual y prosperidad.

Colombia necesita la construcción de una actitud de paz, de fraternidad, de respeto al hombre, de amor al hombre, de servicio al hombre. Colombia, uno de los mejores países del mundo, necesita rehacerse con un gran sentimiento de servicio y de amor fraternal. Todas las instituciones -hasta nuestras Fuerzas Militares- y cada colombiano debemos contribuir a la pacificación del país; enseñar, por todos los caminos, los principios de la paz, la convivencia y de la fraternidad. Son suficientes para hacerlo.

Un líder social es un pequeño constructor de la sociedad cuyo único interés es estar continuamente trazando niveles a su comunidad y estimulándolos para que continuamente reclamen y ejerzan sus derechos, asuman sus deberes, afrenten sus problemas identificando los factores que los causen, diriman sus conflictos y superen sus dificultades.

Y apropósito de líderes sociales y constructores de la sociedad, los campesinos, en especial los cafeteros huilenses, han encontrado en el dirigente político liberal y ex representante a la Cámara por el Huila ORLANDO BELTRÁN CUÉLLAR, a una de esas personas con aplomo, equilibrio y ecuanimidad. Formado con sólidas bases éticas y morales, firmes columnas ancladas en el trabajo e inmejorables acabados de fe en Dios, supo sortear su vida en los momentos más largos, duros y álgidos de su secuestro.

Hoy está atravesando un duro momento al verse deteriorada su salud, pero será el Dios de la Misericordia el que le devolverá nuevamente su ímpetu. Lo queremos aquí en la cotidianidad de su tierra en medio de los que nos consideramos sus amigos o quienes reconocen y valoramos la labor social en beneficio del desarrollo, progreso y convivencia huilense.

He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel.  (Amós 7:8). Ojalá que los días sin guerra nos permitan analizar con tranquilidad los beneficios de un país sin guerra o violencia armada, apostemos con esperanza y optimismo por el SÍ en el plebiscito que consulta a los colombianos si estamos de acuerdo o no con la negociación que permita el desarme de las Farc, y que en el futuro próximo todos podamos llenarnos aplomo, equilibrio y ecuanimidad para construir una sociedad mejor, de modo que el sufrimiento de víctimas de violencia como Orlando Beltrán Cuéllar y su familia, pero ante todo su aplomada conducta después de recobrar la libertad, no resulten en vano.