El apetito voraz de Delio
Muchos funcionarios llegan a la administración dispuestos a no dejar pasar lo que consideran su cuarto de hora.
Si no logran enriquecerse en ese momento que les da la vida –piensan- es posible que no tengan otra oportunidad.
Algunos terminan en la cárcel. Y otros cuentan con las garras afiladas de un abogado maligno que construye o defiende la trampa. O –la mayoría- con la desidia de los organismos de control, o la corrupción de empleados que los encubren, no de manera gratuita.
Creo que todo esto ha pasado con el alcalde de Garzón, Delio González. Desde cuando llegó al gobierno (en 2012) se propuso llenar su alcancía.
La naturaleza “lo socorrió” (empezando su mandato) con una ola invernal que dejó cientos de familias damnificadas, pero que a él le sirvió para firmar contratos inmediatos, tras declarar una emergencia municipal, supuestamente agobiado por la terrible tragedia de sus conciudadanos.
El generoso Delio contrató de inmediato la reparación de la maquinaria del municipio por casi $300 millones y a cada uno de tres amigos les dio su pedazo de ponqué, según criterios personales. Eso en términos legales se llama fraccionamiento de contratos.
Y lo que viene se llama delito: Hubo dos contratos iniciales, el primero por $146 millones adjudicado a Jorge Eliécer Elizalde. Y otro por $48 millones entregado a Hamilton Lugo Maldonado, para la reparación de la maquinaria.
Siete días después la alcaldía firmó otro contrato por $33 millones (beneficiada Liliana Galvis (“para la prestación de servicios (mano de obra a todo costo) para la adecuación de instalación de repuestos y reparación de la maquinaria pesada del municipio”. Es decir, todos con objeto idéntico.
Varios concejales tuvieron el valor civil de denunciar la situación ante la Fiscalía y la Procuraduría. Observaron otro hecho irregular: La interventoría fue encargada a las secretarías de planeación municipal y de educación “conducta inconveniente y sospechosa, pues el mismo contratante se encarga de la interventoría bajo las exigencias del mismo Alcalde, que es el jefe de los interventores”.
Anexan copias de todo, cuadros comparativos entre los contratos base de la denuncia, que confirman compras dobles de los mismos materiales, sobreprecios, y otras situaciones que evidencian defraudación al presupuesto, peculado, prevaricato.
Fiscalía y procuraduría decidieron cohonestar con el alcalde corrupto, que al hallar el camino pavimentado para sus fechorías prosiguió en sus andanzas. Tengo abundante material acumulado para demostrar que Delio no es solamente voraz sino bandido. Y que extrañamente los organismos de control han sido negligentes en su obligación de investigar y sancionar, ante la gravedad de los hechos.
