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Opinión/ Creado el: 2014-06-25 07:59

El amarillismo en los medios

Me refiero a los medios de comunicación social, especialmente los cibernéticos y televisivos. Nuestra cultura ha sido alimentada con hechos de sangre

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 25 de 2014

Somos un país violento a lo largo de todos los tiempos. Cacareamos mucho desarrollo técnico, pero nuestro porte es un desastre. Como que la buena vida cansa y la mala amansa. Los hijos de la segunda terrible conflagración mundial, especialmente los países que perdieron la guerra, fueron una generación trabajadora, esforzada, luchadora, respetuosa, delicada. El sufrimiento les enseñó el valor del otro; el sufrimiento les enseñó la hermosura de creer y vivir a Dios. Los templos en Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, especialmente, se llenaban los domingos en las décadas de los cincuenta, sesenta, setenta y aún en la década del ochenta. Hoy están casi vacíos. ¿Habrá necesidad de otra guerra?

Nuestros noticieros son sensacionalistas. Alimentan una sociedad ávida de sangre. Lamentablemente sólo las malas noticias, son noticia. Muchos periodistas alimentan este desorden social. Les cuento      que yo poco veo los noticieros nacionales. Me gusta leer las noticias en frío, en la prensa escrita. Aquí me entero de los acontecimientos con más calma. Parece que en el imaginario social hay una especie de sadomasoquismo. Nos gusta ver el sufrimiento de los demás y, a veces, nos gusta gozar en el sufrimiento que sentimos. Es una cultura ambivalente en este aspecto. Qué triste que nos encante la caída y los errores de los otros, sobre todo en materia sexual. Con frecuencia vemos la brizna en el ojo del hermano y no nos damos cuenta de la viga que tenemos en el nuestro. Somos muy dados a programarles la vida a los demás y olvidamos programar la nuestra. Falta mucha objetividad en la información. Lamentablemente la objetividad se pierde pues los pautantes, que sostienen esos medios, determinan sus políticas. Pero también, es verdad, alimentamos la ignorancia de la gente, limitándonos a describir los hechos de una manera descarnada y tendenciosa.

Seamos portadores de buenas noticias. Alimentemos en nuestro ambiente el O2 del positivismo, callando los errores de los otros, -siempre y cuando no afecten el bien común- aprender de ellos y ser muy comprensivos con las debilidades de los otros. ¿Quién lo ha nombrado a usted juez de los demás? No olvide lo que nos dice el libro Santo: “Con la medida que midiereis, seréis medidos”. Líbrame Señor del juicio de los hombres. Los hombres son inmisericordes en sus juicios. Menos mal que en el ocaso de la vida, seremos juzgados por Dios. Los juicios humanos están cargados de mucha pasión. Quien nos odia nos condena en todo; quien nos quiere, nos absuelve en todo. Espero que los jueces de la República den siempre sus veredictos con objetividad, en una sana y justa interpretación de la Ley. Una sabia norma ética: cuando entra en conflicto la Justicia y el Derecho, prima la Justicia.

Como dice el poema Desiderata: “Esquiva a las personas ruidosas y agresivas, ya que son un fastidio para el espíritu”.

+Froilán, obispo de Neiva.