El alcalde de Neiva no entiende que no entiende
Edgar Artunduaga
Me dice la tía Elisa que en su larga vida no había conocido tipo más cretino que el alcalde Lara Sánchez, que no entiende lo que está pasando en la ciudad y lo que esperan sus ciudadanos.
Le exigí a la tía respeto por la digna autoridad del burgomaestre y le pedí cambiar la palabreja porque cretino me parece abusivo. Ella, que no da brazo a torcer y barre con la lengua, me remitió al diccionario, que dice muy clarito: “estúpido, necio”.
Dejémoslo en necio, propuse, porque el Larousse habla de “terco y porfiado”, que se adapta mejor al temperamento del funcionario, munición que usan los líderes (puede ser su caso) y también los tontos y vanidosos (que no lo descarto).
Su incomodidad radica –para saltarme por un momento su palabrería- en que Lara Sánchez se empeña en reordenar la administración, fusionar entidades y prometer al mismo tiempo que no habrá masacre laboral. ¡Ganas de jorobar”, refunfuña. Sólo tres concejales se opusieron a las facultades omnímodas para el alcalde: Luis Eduardo Penagos, Amín Losada y Jesús Garzón (conservador que parece liberal).
-Igualito a Uribe, me dice la tía Elisa, cuando se puso a fusionar los ministerios de salud y trabajo, dizque para ahorrar una platica. Pura paja, no hubo tal ahorro y las cosas se complicaron, al punto de que tocó volver a dejar las cosas como estaban.
En el caso de Neiva, los problemas se siguen creciendo mientras Lara juega a reorganizar la nómina, incomodando a los jóvenes, a las mujeres, a los ambientalistas. Y también a quienes esperan que su mandato sea transparente, como lo prometió en campaña. No lo ha sido y ahora menos porque decidió refundir (igual a confundir) la oficina de control interno.
-Dígame si no es cretino!, expresa furiosa la tía Elisa.
-No lo es, le replico, es necio. Simplemente no tiene experiencia administrativa.
-¿Y luego no dizque hizo un curso de cuatro semanas?
-Quizá más, posiblemente se graduó, incluso una maestría.
-¿En qué universidad de garaje?
-No señora (me acerco al oído porque ya tiene algún grado de sordera). Lo que pasa es que él es médico y se especializó en gobierno y gestión pública.
-Pues esa plata se perdió, apunta ella, que siempre se sale con la suya.
Le explico cariñosamente a la tía Elisa que una cosa es la universidad y otra muy distinta la práctica y el ejercicio de la política, a veces un galimatías. Que Lara es un tipo bien intencionado, la mejor hoja de vida que Neiva pudo escoger, una figura de proyección.
-Pues todo eso quizá sea cierto pero el tipo no entiende.
-Qué no entiende el alcalde?
-¡Que no entiende que no entiende!, grita enojada. –O usted también es cretino?
La frase (lo estuve investigando) no es de la tía Elisa, que no puede pasarse de viva conmigo porque yo leo los libros que ella deja tirados. Es de un periodista gringo refiriéndose al presidente Peña, de México, en uno de los peores momentos de la vida política de su país.
