Ejercicio democrático
José Eliseo Baicué
Tener en cuenta la opinión de todos es uno de los pilares de la democracia. O al menos de todos los que hacen uso de ella. Claro, pensando la democracia desde la base de la participación de todos. Y para ello, no hay que quedarse en la continua repetición de que “la democracia es el gobierno del pueblo.”
Analizar la participación electoral, por ejemplo, es cada vez más importante ya que votar representa el derecho elemental de cada ciudadano a participar en política y, al mismo tiempo, abriga los dos principios básicos de la Democracia: universalidad e igualdad. Es decir, que si se saca algo a votación y se vota hay derecho a quejarse, si no, pues no.
Sin embargo, votar no es la única y ni la más efectiva forma de participar en política. Aunque votar es una forma de participación que demanda un mínimo de esfuerzo y no envuelve conflicto alguno, tiene la desventaja de no impactar significativamente en el contenido de las políticas y no generar beneficios tangibles e inmediatos para el elector.
¿Para qué votar, si mi voto no influye en nada? Mi voto no pesa, no va a cambiar una elección, no va a decidir nada. Algunos estudiosos de la materia afirman que en este momento, más de 2 millones y medio de personas piensan algo similar en el país. Otra frase que siempre se escucha es que esto es más de lo mismo, hecho por los mismos y para los mismos. Aunque hay varios candidatos, que no pertenecen a los conglomerados políticos más importantes, pero lamentablemente no tienen apoyo de la gente. Claro que sería muy bueno saber también qué piensa nuestra clase política.
A mí me parece que un voto pensado sería el que pudiera darse, antes que nada, desenganchado del emotivismo imperante de los tiempos proselitistas. Pero sobre todo, el voto consciente, analizado, conocido y, por supuesto, estudiado. Esto sería lo ideal. Pero en Colombia, en la actualidad esto es un imposible. No olvidemos que un buen porcentaje de los votantes tiene un bajo nivel de escolaridad y otro tanto, de analfabetismo. ¿Cómo tener un voto razonado de esa manera?
Esto es sencillo de explicar. Es decir, que el bajo nivel cultural y educativo, permite persuadir de forma más fácil al ciudadano a la hora de votar. Se vuelve más fácil de convencer demagógicamente, sacudiéndole los sentimientos, sin saber quién dice qué, cómo o porqué? Quizás sea una idea loca y antidemocrática, pero creo que en aras de impedir tanta “compra” de votos, debería tenerse, además de edad, un cierto nivel de escolaridad para acceder al voto.
Hay, pues, a quienes los convencen con muy poco, y tristemente en Colombia existe un buen porcentaje que se convence con carnes asadas, o con proyecciones de películas; ahora se habla de dinero, puestos de trabajo o becas. Así como la religión se ve mal vivirla por tradición y no por convicción, así mismo se aprecia el fervor que algunos expresan por un partido o candidato.
Yo creo que sí es necesario y conveniente un voto pensado. Es más no se debería hablar de votar, sino de analizar. Pues supone un compromiso moral, toda vez que somos ciudadanos, por eso es que el razonamiento tiene validez. Por eso hay que tener claro que existen deberes ciudadanos por cumplir; desde esta perspectiva el no razonar el voto, el votar por un partido por puro tradicionalismo, no se puede ver como algo responsable, me parece tan irresponsable como el votar por un interés individual: por algo que me dieron o me van a dar, en el sentido de hacer del voto un pago, que demanda factura.
Por eso no olvidemos que la educación hace que sea fácil guiar a la gente y muy difícil arrastrarla; sencillo gobernarla, pero imposible esclavizarla. El próximo 25 de octubre piense bien su voto, analice lo que va a hacer y dimensione sus consecuencias. Por eso, ese día no vote, elija.
