Efecto colateral
Helber Mauricio Sandoval Cumbe
En menos de cinco (5) meses la humanidad ha visto perpleja hechos terroristas cada vez más pasmosos: Los más notables –dejando de lado lo sucedido en un estadio cercano a Bagdag- han sido sin duda los sucedidos en la noche del 13 de noviembre de 2015 en País, capital Francesa; luego el 12 de enero de 2016 en Estambul – Turquía; y el más reciente, sucedido el pasado martes en Bruselas - Bélgica.
Los fatídicos sucesos siguen dos (2) constantes: afectan a población absolutamente indefensa y de paso muestran que ni la más alta tecnología puede precaver con precisión y oportunidad cada ataque de éstos sujetos.
Lo que acabo de expresar es probablemente lo que cualquier lector frecuente ha identificado sobre el particular; pero creo que tras lo sucedido cambiará la dinámica con la que Europa mira hacia los países que tienen o han tenido vínculos con grupos considerados terroristas, lo que por supuesto nos ubica en ese no muy halagüeño lugar.
Empiezo por decir que así como han sido éstos sucesos la más efectiva y eficaz propaganda de exóticos –en todo el sentido de la expresión- candidatos como Donald Trump en Estados Unidos, también han sido el motivo más arraigado para que en países como el nuestro, la extrema Derecha aún logre el favor popular de quienes rechazan tan vehementemente aquellas muestras de intolerancia y desdén por los demás.
Pero hay algo más que probablemente pueda traer consigo lo sucedido y es que de una parte, aquello que se ha mostrado como un logro de la diplomacia nacional, al conseguir que se omita la exigencia de visa a nuestros conciudadanos para viajar a buena parte del sector Schengen, se vea seriamente amenazado ante el afán de restringir el acceso indiscriminado a esos países. Pero también es claro que si el ya superado plazo para la firma de la paz en nuestro país no se concreta, el apoyo internacional y particularmente de la unión europea puede verse también limitado por el sentimiento de rechazo generalizado que existe hacia grupos que como las FARC, aún no salen de la lista de terroristas.
Ya lo he venido diciendo en ésta columna y sé que la titánica labor de éste Gobierno encarna un reto con vicisitudes tal vez no consideradas en un comienzo. Así ocurre usualmente en éstos casos. Pero el tiempo apremia y lo que no puede permitirse el Gobierno es que el efecto colateral de éstos hechos se sume a los tropiezos cada vez más sensibles para con el proceso de paz y que sucede lejos de nuestras fronteras.
