viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-08-09 09:32

Educación o guerra

Habíamos sostenido en el texto de la columna que no apareció en la semana pasada, por extrañas circunstancias que aún no se nos han explicado por el Diario del Huila,

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 09 de 2014

que el señor Presidente de la República de Colombia se está quedando sin agenda de Paz y que por lo tanto, su proyecto político en el nuevo periodo presidencial estará rodeado de la mayor incertidumbre, cuando crece la violencia, los atentados ciudadanos se multiplican y lo que es peor, la credibilidad en la justicia y en las fuerzas de seguridad del país se evaporan, en un proceso de politización preocupante hasta la médula y del cual parece que vamos a un precipicio, sin retorno alguno, por ahora.

Consideramos entonces, la razón de ser de su posición con el proyecto educativo nacional, cuando hace énfasis en aspectos que a la luz de cualquier estudioso del presupuesto oficial, debe merecer una ojeada, como lo es el hecho de que los recursos que se pretenden asignar en Educación, serán superiores por primera vez en la historia, a la inversión en las Fuerzas Armadas, sin perjuicio de que se desvíen en el carrusel de la contratación pública, o lo que es mejor, en el fenómeno de la corrupción estatal que tanto daño nos hace y que son correspondientes con la política oficial del Estado de Derecho y de participación en la mermelada por los congresistas, expertos en el manejo de aquellas formas de correspondencia con el ejecutivo.
 
 
Un país sin educación, en guerra y conflictos sociales internos y marcados por un analfabetismo disfrazado de sapiencia y de capacidad de liderazgo, como el que se vive, con falsos modelos de desarrollo y sobre todo, con una proliferación aberrante de cursos y proyectos educativos privados que en nada contribuyen al fortalecimiento y a la exigencia escolar o universitaria, han sido en todo momento parte de la gran falacia que es y que seguirá siendo, la educación en Colombia.
 
 
No podemos pasar por alto ese fenómeno de enriquecimiento que la educación genera en ciertos sectores y cómo se ha convertido en una forma empresarial de tal magnitud, que no se ahorran los esfuerzos por convertir los garajes de ciertas propiedades en escuelas de formación profesional, sin que existan controles o formas de verificación del contenido de sus áreas y de la proyección, así como del reconocimiento que se debe retribuir a aquellos profesionales entre los ciudadanos de bien, que han llegado a establecer una especie de estratificación universitaria que lleva a la realización de cursos de especialización como mínimo, para supuestamente “lavar el diploma” y presentarse como hijos de otras universidades o de otros centros académicos.
 
 
Loable entonces pensar que la sociedad colombiana requiere un cambio en el modelo educativo. Loable que pensemos en la posibilidad de exigir una mayor preparación y fundamentación en lo que tiene que ver con la educación desde los primeros años de formación del ciudadano, para entender que parte de los grandes esquemas de violencia, de falta de solidaridad y de pérdida de la sensibilidad humana, está precisamente en los primeros pasos que se dan en la familia y en las manos de nuestros primeros maestros.
 
 
No es equivocado pensar que se necesitan cátedras de convivencia, de solución de conflictos y de relaciones interpersonales, desde un primer momento en el que se tiene acceso a la educación. Colombia necesita seres humanos que comprendan el respeto por el otro, que comprendan el fenómeno de la diversidad social, cultural, económica, sexual y religiosa entre otros, y que sea la escuela en un primer momento y la gran escuela en su etapa final, las que centren y desarrollen las formas de materializar todos los preceptos y principios que rigen una sociedad, como la nuestra.
 
 
Este elemento, adquirirá una mayor trascendencia, cuando la violencia intrafamiliar sea relegada como expresión diaria y permanente de nuestras familias, y cuando en el seno de la sociedad, las formas de acceder a la propiedad y a las fuentes de empleo, estén rodeadas del reconocimiento de las capacidades de los individuos en forma imparcial y justa y a su vez, se dote de mecanismos de fortalecimiento para aquellos que no alcancen los niveles competitivos o la capacidad para acceder a aquellos empleos, de tal forma que existan proyectos en los cuales se superen y logren traspasar los linderos propios de ese bajo rendimiento o que se generen incentivos para desarrollar y optimizar su fuerza de trabajo.
 
 
La Educación es una tarea, frente a la Guerra. Es tarea de todos y es parte de una lucha contra la violencia o un propósito de Paz.