Educación vs proyecto de vida
Fabio Espinosa Soto
Es destacable como los ejes centrales de los planes de desarrollo, tanto del departamento como del municipio, le han dado trascendencia a la educación como eje central para el progreso y florecimiento de nuestra región. Desafortunadamente las políticas públicas en esta materia son desalentadoras, el Gobierno Nacional quien es el que traza los lineamientos y derroteros, se ha dedicado en las últimas décadas a elevar los niveles de cobertura, desatendiendo la calidad como eje fundamental para que una sociedad logre niveles de competitividad y desarrollo. Las estadísticas e indicadores de calidad ubican a Colombia en posiciones deplorables y, el Huila y particularmente Neiva se sitúa en lugares bajos en la lista de indicadores. En buena hora los mandatarios locales van a priorizar sus esfuerzos en un tema tan sensible para la sociedad, como es la educación.
Pero la gran reflexión es, ¿cómo van a afrontar una realidad con arraigo histórico?. Es un sector que por décadas los gobiernos de turno lo ha tenido aislado, un gremio controvertido e impugnado, una infraestructura física y tecnológica con alto grado de obsolescencia, los políticos y gamonales en las regiones han convertido a los maestros plataforma ideológica para usufrutuar sus propios intereses, la remuneración de los docentes no consulta el protagonismo que juegan en una sociedad. En fin, es un sector que esta sobre-diagnosticado, como lo está la salud. El camino a seguir es como implementar una estrategia para superar una crisis que colapso a toda una sociedad.
Los Gobiernos han sido tímidos cuando muestran voluntad de intervención. En materia de calidad han enfocado sus esfuerzos en dos direcciones: la capacitación y exigencia a los docentes y en infraestructura. La primera es un acierto a medias, la educación se debe concebir más allá de transmitir o multiplicar conocimiento, el avance tecnológico, como medio de comunicación, ha contribuido a brindar información en tiempo real a quienes demandan enseñanza. Los títulos académicos, como las especializaciones o doctorados en docentes, no garantizan una verdadera formación del educando. La instrucción del alumno debe centrarse más en formación de habilidades, principios, comportamientos, conductas, competencias, civismo, capacidad de discernir; entre otras. El docente que pueda transmitir todos estos elementos para que el alumno lo apropie en su imaginario como un símbolo de vida, es el que se necesita. La crisis de nuestra sociedad tiene su origen en el desconocimiento del humanismo, no en la ausencia del conocimiento. Decía un tratadista sobre el humanismo, que éste se refiere a una perspectiva que afirma alguna noción de libertad y progreso o la construcción de un proyecto de vida. El Gobierno debe dar un giro frente a las políticas educativas, de lo contrario seguiremos soportando las dificultades.
Existe una gama de ofertas disciplinarias que pueden coadyuvar a suplir las necesidades educativas en este orden. Las ciencias sociales despliegan disciplinas tales como: la sociología y la Psicología, que deben terciar para atenuar el impacto negativo de la educación en la sociedad. Las políticas del gobierno obligan a direccionar la educación hacia escenarios humanísticos y globales.
