domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-05-21 09:04

Día del papá

José Eliseo Baicué Peña

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 21 de 2016

En el entrante mes, además de las fiestas de San Juan y San Pedro, se celebra también el Día del Padre de Familia, mal llamado Padre a secas, pues el Padre lo concibo como el Dios Todopoderoso.  De tal manera, que cuando se quiere hacer alusión al papá y se quiere utilizar la palabra padre, debe acompañarse de la expresión de familia

En este ámbito de ideas, quiero hacer mención en este artículo a la labor del padre de familia y su directa relación con los altos índices de violencia que vive el país y el mundo.  Para ello, es válido recordar que los hijos son el reflejo de sus padres.  Pero sobre todo, no olvidar que cualquier hombre puede tener un hijo, pero sólo un hombre de verdad, merece que lo llamen ‘papá’.

Hoy por hoy generan mucho impacto las noticias que informan sobre los actos duros, crueles e inhumanos generados por algunos padres de familia.  Son noticias impactantes. Papá que mata a golpe a su hija porque supuestamente iba mal en el colegio. Un papá le quemó las manos a su hijo porque le sustrajo dinero Varios menores estuvieron encadenados durante varios años porque su padrastro y madre así lo quisieron. 

El maltrato a menores, mujeres y ancianos marcan la pauta de un fenómeno que está influenciado por factores propios de una sociedad convulsionada que se debate en medio de un conflicto al que no se le ve un fin próximo.  Vale precisar que entre los maltratados, los niños y jóvenes figuran en primer lugar.  Tal vez por su vulnerabilidad y exposición constante ante los adultos y padres de familia. 

Bien es sabido que existen normas, leyes y todo tipo de acuerdos para evitar o minimizar esta problemática.  Pero, paradójicamente los índices aumentan cada día. Se producen manifestaciones de rechazo, de condena y hasta juicios exagerados en contra de este tipo de violencias.  No obstante, todos los días hay menores y mujeres maltratados.  

Parece ser, según los expertos, que la medida más acertada es estudiar el fenómeno y pensar una estrategia pedagógica que rebase el componente cultural desde la base de un trabajo en donde intervenga el gobierno, la familia, la escuela, los gremios, el ICBF, y otras agremiaciones como fundaciones y ONGs.  Eso me parece prudente y pertinente, pero creo que habría que agregarle una buena dosis de mejoramiento de los procesos de comunicación intra y extrafamiliar.

Pues a mi manera de ver las cosas, ningún proyecto tendría éxito si se continúa con el actual deterioro de tejidos comunicativos que se germina en la familia, se traslada a la escuela y aposenta en la sociedad, en el entorno.  No existe una buena relación papás-hijos en la mayoría de los hogares.  El encuentro cara a cara se desmaterializó hace ya varios años. O simplemente ... ya no hay tiempo para ello, los horarios de encuentro no coinciden.  Quizás, también, no resulta atractivo para los padres tener una conversación con sus hijos, y a éstos les parece aburrido dialogar con sus progenitores.  Los primeros están cansados para hacerlo, y se inclinan por la televisión.  Los menores prefieren estar “conectados” con la tecnología en su máxima expresión, ojalá la más moderna, la que está en boga.  

No en vano se habla ya de que los jóvenes de la presente era son los hijos del iPhone, iPad, la Tablet o simplemente de la Internet.  Y como siempre lo he señalado, no pretendo decir que la tecnología sea mala.  Por el contrario, me parece fabulosa.  Pero no puede llegar a suplantar al valor de lo humano, el calor familiar, o una amena conversación.   Tenía razón Einstein cuando dijo: temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad, el mundo sólo tendrá una generación de idiotas.

Estas reflexiones me llevan a afirmar que, en la mayoría de los casos, casi todas las manifestaciones de violencia intrafamiliar comienzan con expresiones verbales indeseables o acciones de marcada intolerancia.  Y esto se observa a menudo en la calle, entre los transeúntes, con los taxistas, con los funcionarios, con los vendedores, y hasta con los policías.  La intolerancia es cada vez más evidente … y representada en agresividad.  Los niños contestan mal a sus padres, el empleado a los usuarios, los servicios médicos, las parejas, los esposos, los gobernantes, los banqueros, todos.  Y todo esto se traslada a los hogares, a la familia.  Busquemos que a partir de este mes las relaciones mejoren y hagamos todo lo posible por ser mejores papás.