Duelo de prepotentes
Lucas Mateo Vargas Vargas
La semana pasada, y quizá algo trasnochada esta nota, en la ciudad de Neiva se vivió un duelo de prepotentes. Pero no de los prepotentes que son “más poderosos que otros o muy poderosos”, sino de esos “que abusan de su poder o hacen alarde de él”, como lo diría el diccionario de la RAE.
El duelo y sus protagonistas:
El alcalde Lara, quien en el debate de control político llevado a cabo en el Concejo de Neiva frente a las fallas en la prestación del servicio de agua potable en la ciudad, se paró -cual bravucón y respaldado por la gavilla- a desafiar, con tufillo de chisme de barrio más que de denuncia seria, al presidente del Concejo sólo porque éste, independiente de ser su copartidario, se atreve a hacer control político. Ahora resulta que el alcalde Lara ve enemigo donde no los tiene, ya que no acepta el debate y confunde control político con oposición, y encuentra aliados donde no existen, ya que prefiere rodearse de quien callado deja que éste cometa errores. Ojalá y el alcalde sea capaz de denunciar a todos los clientelistas que tiene contratados por cuotas enchufistas de los que hoy callan en el Concejo.
El secretario de gobierno municipal, del cual se dice que levita, pero cuando aquel provinciano fue atacado por el centralista Vargas Lleras, entonces todos salieron en su defensa. No fue desacertado lo que el ‘secre’ dijo frente a las políticas de vivienda del gobierno central, ya que ésta se ha convertido en una falacia con todo lo que el populismo implica, sólo para beneficiar a constructores y a las aspiraciones del vice a ocupar la silla de ‘presidente’; pero si es muy pueril su prepotencia como funcionario público. Ojalá y los humos se desaceleren, pues políticamente el secretario de gobierno tiene que atender quejas, inquietudes y propuestas de la ciudadanía organizada, y de la desorganizada también.
El vicepresidente, que acostumbrado a tratar a las provincias desde una lógica centralista, vino a la ciudad y casi golpea a quien se atrevió a disentir de sus actuaciones en lo referente a la política de viviendas. Regañó a los presentes al evento a punto de halarse los cabellos. Si eso es de vicepresidente candidato, cómo será de presidente, con toda esa prepotencia que ni el saludo le dio al alcalde Lara ni al congresista Osorio. Bueno, eso de no saludar como que se volvió moda, sobre todo en la clase política que gobierna con odios heredados.
La ministra Noguera, quien vino a pedir la cabeza del secretario de gobierno por atreverse a cuestionar la política populista de las viviendas gratis. Quizá igualados en tamaño, pero con diferencias de cargos, la una desde el gobierno nacional y el otro desde el gobierno municipal, pero ambos con egos que no caben en sus cuerpos, tuvieron esa contradicción metódica en lo referente a la política en cuestión. La ‘sensibilidad social’ de la hoy ministra le permite pensar en solucionar la situación habitacional de las familias forzadamente desplazadas por causas del conflicto armado, pero por qué no, y en tiempos de diálogos de paz, se les permite a estas familias el retorno a su realidad socio-cultural en el campo, recuperando lo que el conflicto les quitó; recuperando sus raíces campesinas, étnicas y culturales; recuperando su territorio y territorialidad. Por qué no pensamos una Reforma Agraria para que los desplazados por todas las violencias que han azotado al país (violencia bipartidista, violencia política, violencia paramilitar, conflicto social y armado, y la corrupción) puedan retornar a sus realidades ya sin violencia que los desterró, en vez de encerrarlos en las ‘cajas de fósforos’ que son las casas gratis.
En resumen, ojalá que con el fin del conflicto armado entre el gobierno nacional y las FARC, llegue también el fin del conflicto social, ya que gobernar con las vísceras, con la prepotencia demostrada y con el menosprecio a las diferencias y contradicciones, no es el mejor ejemplo para hablar de un escenario de paz.
