Dos posturas
Las disculpas públicas de la electa representante a la Cámara por Bogotá, María Fernanda Cabal -respetables por demás- no fueron bien recibidas por algunos colombianos, especialmente por los que ciegamente adoraron al escritor, al García Márquez que como ser sensible, seguramente cometió errores.
Errar es inherente al ser humano y todos, sin excepción, estamos expuestos a eso, a cometer deslices. Como indica el significado mismo de la expresión, son acciones involuntarias, aunque muchas veces se confunden con posturas, razones innatas del carácter de cada individuo.
Gabriel García Márquez asumió actitudes en muchos aspectos de su vida, muchas de las cuales no gustaron. Ejemplo de esto su cercanía con Fidel Castro y con muchos otros personajes de la izquierda latinoamericana. También se le censuró no haber tomado posiciones un poco más radicales que, seguramente, desde su papel influyente, hubiese cambiado o reafirmado el rumbo de algún aspecto del país.
También se le reprocha haberse radicado en México, abandonando su terruño para siempre, por una razón que puede ser obvia, pero que jamás salió abiertamente de su boca.
Hoy la polémica radica en si los señalamientos de la electa representante María Fernanda Cabal, en el entendido que Gabriel García Márquez se encontrará en el infierno con Fidel Castro, fueron desatinadas o no.
Aunque evidentemente fue un trino inoportuno si pensamos en el dolor que estaba viviendo la familia de Gabo al saber que se fue para siempre su ser querido, son respetables.
Ella, en un acto de gallardía que tal vez muchos otros quisieron asumir pero que no tuvieron el arrojo suficiente, plasmó en un mensaje lo que pensó, incluso sin importar el obvio rechazo de su misma corriente política.
Ella, como Gabo, seguramente desde orillas distintas, aporta al país. Gracias a personalidades tan radicales como ella y él, es que hoy en Colombia se puede disentir, discrepar y hasta asumir posiciones, aunque muy pocos las aplaudan.
Por esto es que no podemos satanizar el criterio de la representante, simplemente hay que asumirlo y entenderlo como una posición distinta a la de nuestro fallecido nobel, un criterio distinto que no puede ni debe ser objeto de improperios.
