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Opinión/ Creado el: 2017-06-15 09:12

Dos loquitos que quieren desmontar El Quimbo

Edgar Artunduaga

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 15 de 2017

Las fiestas del 6 de enero en el Huila se celebraban en “Domingo Arias”, una isla cacaotera insertada en las estribaciones del Cerro Matambo, donde se unen el río Magdalena y su tributario, el Páez, que baja del Cauca cargado de agua fría y se confunde con el caudal del encuentro. Hasta ahí va su nombre. Ahí se lo traga el río de la Patria.

A Domingo Arias llegaban a celebrar el día de Reyes gentes de Gigante, Tesalía, Garzón y Paicol. Doble Anís, pólvora, asado, yuca y plátano eran infaltables. Los Mota, una familia abundante, amante de la pesca y la agricultura, no tenían miseria. Los invitados y colados llegaban en manada y desafiaban la corriente en canoas de Igúa, prendidos, armados de tiples y guitarras.

“Eso eran muchas fiestas”, recuerda hoy Arcesio Pérez, un acordeonero, capaz de tocar ocho días seguidos y repetir 50 veces “Debajo del palo de mango”, una de sus interpretaciones favoritas.

Pero la isla se hundió, se perdió para siempre, la tapó el proyecto hidroeléctrico de El Quimbo, con el visto bueno del presidente Uribe y la firma de Andrés Felipe Arias y otros ministros.

Los Tovar y los Galindo, lanzaron voces de alerta: “Cambiar vacas y arroz por un charco de agua es una salvajada”, era su grito. Pero terminaron obligados a vender sus tierras.

Contra viento y marea se levantó El Quimbo, una especie de puñalada a la región.

Son cientos los compromisos que en su ejecución y control involucran a la propia gobernación -hasta ahora incapaz de llegar a un acuerdo con las alcaldías para la construcción de la vía perimetral-, a la CAM, al Ministerio de Agricultura y a la Agencia Nacional de Tierras, a Invías, a Minvivienda, a Minminas, al MADS; y hasta la propia presidencia de la República.

A la ANLA -que es la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales y que nació 3 años después de autorizado El Quimbo- le ha tocado enfrentar en solitario la avalancha de críticas y demandas., sobre todo del gobernador, Carlos Julio González Villa, quien montó su campaña con la promesa de tumbar el complejo hidroeléctrico.

Su aliado Miller Dussán, organizó Asoquimbo, una especie de poderoso sindicato, sembrando terror y pánico. En su estrategia de desprestigio dice que hay fallas geológicas y deficiencias en la estructura de la presa que podrían provocar un desbordamiento y la muerte de cinco millones de personas.

En el debate de la Asamblea, González omitió hablar de las obras que le corresponden y que no ha hecho. Y como si se tratara de la subasta de un bulto de papas insistió en clausurar El Quimbo, desmantelarlo,

así la isla de Domingo Arias, la de las fiestas inolvidables, no se pueda recuperar.

-“Es la utopía de un par de loquitos que tienen en el proyecto hidroeléctrico un caballito de batalla”, se escuchó decir en la Asamblea. Porque una cosa es exigir que se respeten los compromisos y otra retroceder el tiempo.